los ojos de Minerva |
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DOSHay muchos motivos para que en un vocabulario de símbolos "dos" ocupe un lugar de especial relevancia, en primer lugar porque es el origen del término, símbolo: La palabra symbalon designaba el "conjunto de varias partes que conforman un todo", e implicaba a la vez los significados de "unir, conectar o reunir partes separadas". La definición más simple de symbalon sería, por lo tanto, la dada por Platón: "uno compuesto de dos". El más conocido ejemplo del uso griego del símbolo es el obsequio que el dueño de casa acostumbraba hacer a su huésped que se alejaba, de una porción de moneda quebrada, en tanto él mismo conservaba la otra parte, de modo que cuando estas dos porciones fueran más tarde comparadas, los propietarios o sus descendientes podrían reconocerlas1, pero no sólo es eso... Para muchos, 2 es el primero de los números: "cero" no es nada y la unidad sola tampoco tiene virtualidad numérica... tal como la entendemos, contable... El tres es número perfecto, porque posee tres unidades que hacen respectivamente de principio, medio y fin; el dos es el primer número, porque posee principio y fin, está cerrado sobre sí, finito en sí; en cambio, el uno no es aún número porque no posee sino una sola unidad; tiene a lo más principio, pero no está cerrado2 Sólo al llegar al 2 entramos pues en nuestro mundo de multiplicidad; por eso, 2 es símbolo de conflicto, de tensión: "Simboliza el primero de los núcleos materiales de la materia por oposición al creador", nos dice Cirlot. ¿En qué sentido decimos tensión? En varios. Somáticamente: Lorentz nos dice que cuando el aparato de nuestra percepción de la forma recibe una información que pueda prestarse a dos interpretaciones, no comunica a nuestro ego nada de su inseguridad, sino que se "decide" por una de las dos interpretaciones posibles y nos da noticia, tenazmente, sólo de esta interpretación3 Mitológicamente: el 2 juega un papel clave en explicaciones de la muerte del tipo de los dos mensajeros; también podemos recordar las criaturas dobles que Platón nos cuenta que existían en el origen de la creación4 Estas son tensiones negativas, pero también las hay positivas: entre los Bambara (Mali) la gemelidad inicial es símbolo de amor... y hablando de gemelidad vienen a la mente de inmediato los símbolos dobles del Zodíaco: Géminis, Piscis; aquí, baste su mención.
El SENTIDO genera el Uno. Están los célebres dos principios maniqueos; el destacado papel que 2 juega en la tradición alquímica... El uno se convierte en dos, el dos se hace tres, y del tres sale el uno en forma de cuatro dice la famosa sentencia de María la Profetisa... De todos modos, quizá donde el simbolismo del 2 tenga una fuerza muy especial es en la cultura islámica, en dónde su presencia se hace notoria en los términos más dispares: desde la observación de Avicena de que la misión profética es la salvación de los dos mundos [sensible e inteligible], hasta las dos alas del arcángel Gabriel que tanto interesaban a Suhrwardi. La sensibilidad religiosa no tiene hoy la prestancia de antaño; no obstante, de nuestra manera de sentir y pensar tampoco está ajena la tensión que se refleja en todos estos términos: ...base de toda la gama de las supersticiones modernas, esto es, que hay dos principios de explicación diferentes: "espíritu" y "materia". Como ocurre invariablemente con semejantes dicotomías, este célebre dualismo cartesiano engendró una multitud de otras divisiones tan monstruosas como él mismo; espíritu/cuerpo; intelecto/afectividad; voluntad/tentación, etc.6 ¿No resulta todo esto mucho más descarnado y duro que ese gnosticismo que acepta el dualismo como premisa? Así, no nos puede extrañar que Baudelaire se refiera a la realidad como caída... ¿Qué es la caída? Si es la unidad devenida dualidad es Dios quien ha caído. En otras palabras, ¿no sería la creación la caída de Dios? (citado por G. Durand)... o que Freud haga referencia al doble en los términos siguientes: El "doble" fue primitivamente una medida de seguridad contra la destrucción del yo, un "enérgico mentís a la omnipotencia de la muerte" (O. Rank), y probablemente haya sido el alma "inmortal" el primer "doble" de nuestro cuerpo. En resumen que, cuando el profesor Adrados nos explica con magistrales palabras cómo y por qué hacemos bipartición de la realidad7, está explicando de la forma más breve posible la esencia de la tensión que, nos dirijamos al plano que nos dirijamos, encontraremos siempre. Y es que esa dualidad, premisa básica del conocimiento, tiene consecuencias de todo tipo; por centrarlas de algún modo: ¿Por qué llamar un corto cayado por este nombre es oponerse a su realidad?. Probablemente, porque tal categorización crea la apariencia de capturar la realidad, cuando lo cierto es que ese enunciado no va más allá de la superficie. Podría ser comparado a la afirmación: "5 es un número primo". Es mucho más -una cantidad infinita de elementos- lo que resulta omitido actuando así. Del otro lado, no llamarlo un cayado es, por cierto, ignorar la circunstancia de que constituye un hecho particular, por minúsculo que sea. Luego, las palabras conducen a cierta verdad -cierta falsedad, también, quizá- pero de ningún modo a toda la verdad. Confiarse en las palabras para alcanzar la verdad es como confiar en un sistema formal incompleto para alcanzar el mismo fin. Un sistema formal puede aportarnos ciertas verdades, pero [...] -por poderoso que sea- no puede conducirnos a todas las verdades. El dilema de los matemáticos es: ¿en qué otra cosa se puede confiar, fuera de los sistemas formales?. Y el dilema de los adeptos al zen es: ¿en qué otra cosa se puede confiar, fuera de las palabras?. Mumon hace una formulación muy clara del dilema: No puede ser expresado con palabras y no puede ser expresado sin palabras"8 Una de las consecuencias a que acabamos de referirnos es que sea una magnifica definición de Dios la que en Hinduismo y Budismo nos da Coomaraswamy: Dios es esencia sin dualidad, (adwaita) o, como mantienen algunos, sin dualidad aunque no sin relaciones (vishishatdwaita)".
1 Sigfried Giedion, "Las raíces de la expresión simbólica", en La situación actual de las artes visuales, p. 53 Volver al texto 2 Juan-David García-Bacca, Historia filosófica de la ciencia, p. 128 Volver al texto 3 K. Lorenz, "¿Tienen vida subjetiva los animales?", en Consideraciones sobre las conductas animal y humana, p. 410 Volver al texto 4 Banquete, 189d y ss. Volver al texto 5 Lao-Tse, Tao te king, cap. 42 Volver al texto 6 G. Bateson, El temor de los ángeles, p. 68 Volver al texto 7 "Lengua, ontología y lógica en los sofistas y Platón", en Palabras e ideas, p. 144 Volver al texto 8 Douglas R. Hofstadter, Gödel, Escher, Bach, un eterno y grácil bucle, pp. 282 Volver al texto
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