los ojos de Minerva |
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SUPERSTICIÓN: EXPLICAR O COMPRENDERPreguntar en nuestra cultura por la posibilidad de pensamiento no verbal es una extravagancia carente de interés: el pensamiento ¿cómo podría no ser verbal? Lo que ocurre es que el verbo, instrumento expresivo de incontables matices y sutilezas, es mala materia para andarse con obviedades... y una de esas casi infinitas irisaciones de color es la que nos va a servir de marco en esta pequeña reflexión: el de las palabras de prestigio o desprestigio. ¿Y eso? ¿Se trata de un ámbito de especial relevancia? Seguramente, no. Quizá, todo lo contrario. ¿Entonces? Su interés es, ciertamente, muy curioso... y según bajo qué ópticas se podría calificar de artificial, incluso de coyuntural, pero siempre de peso (¡vaya si lo tiene!): se trata del enorme potencial de acción de los medios de comunicación de masas en relación con la capacidad de difusión de mensajes. ¿Qué quiere decir esto? Desde que el ser humano lo es, ha difundido mensajes, y entre el contenido de esos mensajes ha habido siempre palabras de prestigio o desprestigio. Las diferencias con lo que sucede hoy son, básicamente, dos:
a) nunca han llegado tan rápido a tanta gente. Más explícito aún: había un esquema simple, sencillas concreciones de la idea general de que lo nuestro es lo bueno (comida, paisajes, palacios... es indiferente) frente a lo extranjero (inferior siempre por el mero hecho de serlo.) Con la relevancia de los medios de comunicación de masas, nos encontramos con que
I) Se desarrollan en la sociedad de masas Por tanto, si esos medios de comunicación de masas son gobernados por los poderes fácticos, podrán realizar una gran labor para que la opinión general se muestre colaboradora y proclive a sus intereses. Sorprendentemente, todo esto es tan bien conocido como escasamente meditado lo que, a su vez, incita a pensar mal, ¿será que estamos encantados de ser sujetos pacientes de tales manejos? Semejante sensación queda reforzada por los ofendidos aspavientos que habitualmente se disparan entre los interlocutores cuando, en la conversación, alguien sugiere algo en estos términos. La sorpresa aumenta, si cabe, cuando reparamos en que este tipo de reacción es perfectamente encuadrable en lo que pudiéramos etiquetar como mecanismos mentales "a pie de calle", mecanismos tales como el énfasis que en nuestra lengua supone anteponer el adjetivo al nombre (frente a la habitual postposición). Pero todo esto son reflexiones generales de escaso o nulo valor si, justamente, no son descendibles "a pie de calle", si no las vemos plasmadas en ejemplos concretos que, al fin y al cabo, son los que tienen que dar o quitar razones. ¿Qué los ejemplos nunca son perfectos? Por supuesto; tampoco se trata de dar con el ejemplo paradigmático. Al contrario, será suficiente con que sea expresivo: en sus imperfecciones, dará lugar a objeciones que terminarán por enriquecer y madurar la reflexión. Por tanto, ¿sobre que término puede ser adecuado trabajar? ¿Por qué no superstición? Simplemente, ¿existe alguien para quien no muestre la mácula del desprestigio? ¿Qué dice de él el diccionario? Creencia en alguna influencia no explicable por la razón en las cosas del mundo es la definición que da el María Moliner, escogido por culpa de su apostilla ...de uso del español, de obvio interés en lo tocante a prestigio/desprestigio. Pues bien, ¿qué vemos en esta definición? En principio, llama la atención una indisimulada toma de partido: sobrevalora sin recato determinada actitud que contrapone a otra, que considera inferior a tal punto que la ignora. Desglosado sería:
1o.- La razón debe tener un papel destacado Así explicitados, la labor filosófica queda planteada sin equivocidad de ningún tipo. ¿Qué dice el propio Moliner de esa tan estimada razón? Lo siguiente: Facultad de pensar Esto nos remite al comienzo: si, en efecto, existiese pensamiento no verbal, el asunto podría ser muy delicado. Sin adelantar acontecimientos, el hecho es que pensar es una labor con finales siempre provisionales y que, como tal, hay por lo menos dos modos de hacerlo, el explicar del que nos hablaba la definición de superstición y el comprender, que el siempre sesudo Dilthey nos hace notar cuando afirma que la decadencia de la imaginación religiosa y el ascenso de la objetividad científica supuso la sustitución de métodos de comprensión por métodos de explicación. En principio, tanto pensamiento pueden encerrar un modo de hacer como otro... eso sí, el dato histórico a que apunta Dilthey lo que nos dice es que las sensibilidades -y sensibilidad supone gusto y, sobre todo, interés- que mostramos ante uno y otro nada tienen que ver. Justamente, las un tanto inquietantes sensaciones anteriores se acrecientan cuando reparamos en la etimología de nuestro término superstitio, superstitionis, derivado de superstare, sobrevivir (también estar por encima, mantenerse sobre e -incluso- en sentido poético posarse)1. Pero atendamos, de una vez, a los dos requerimientos que nos había planteado la definición:
Sin duda se trata de una herramienta de la mente humana tan potente como insustituible pero, ¿por qué darle ese papel predominante? Comparémosla mínimamente -en el sentido de comparar ventajas e inconvenientes de unas y otras- con herramientas distintas como la imaginación o la intuición, algo así como... Razón.- Frente a ellas, tiene una capacidad para conexionar los componentes individuales de la realidad muy superior. Precisamente por eso, su capacidad de explicación es también sustancialmente superior a la de la imaginación y la intuición. En su virtud está su punto flaco: todo lo que no sea capaz de conexionar, de explicar, lo ignora; y es que está condicionada por su modo de funcionar para el que todo lo que no es susceptible de conexión lo es por insignificante, y carente del mínimo sentido. Imaginación.- Contrariamente a la razón, su virtud no es el manejo de individualidades; su punto fuerte está en su poder de lograr imágenes globales: su referente es una totalidad que se muestra ante nosotros sin componentes ocultos. Esto en absoluto quiere decir que los componentes no tengan su propio significado individual; quiere decir que ese significado individual está supeditado a un conjunto que es, de hecho, el que es y con relación al cual tiene su sentido. Como en el caso de la razón, en su fuerza está su debilidad: en términos de imaginación no hay modo de atar en corto las posibles unidades semánticas de la imaginación obviando el contexto. Intuición.- Se diferencia de la imaginación en su enfoque específico, un enfoque que a término muestra un objetivo concreto, que se ajusta... a lo que sea. Por tanto la podemos considerar una imaginación de precisión, una imaginación de corta amplitud pero más profunda de lo habitual. Sus puntos flacos serán, como es lógico, idénticos a los de la imaginación con el tinte de esta perspectiva. ¿Qué conclusiones podemos sacar de semejante vistazo? Lógicamente, que si primamos la razón es porque la relación que muestra entre ventajas e inconvenientes es la que nos resulta más satisfactoria. Esto es, que estimamos mucho su ventaja, la capacidad de explicación, lo que parece perfectamente de recibo por lo que implica de capacidad de iluminación del mundo y sus componentes. Nada delator hasta aquí. Lo revelador nos aparece cuando nos fijamos en el lado negativo, en eso de que todo lo que somos incapaces de conexionar carece de relevancia significativa, al extremo de que, en última instancia, ni siquiera existe. ¿Qué hay tras esa abierta axiología? Sin lugar a dudas, que estamos valorando muy por encima de lo demás que nuestro ego sea dueño y señor del mundo (porque, toda esas relaciones tienen como centro, en última instancia, a nosotros, que las trazamos). Dicho en otros términos, que en modo alguno es inocuo el que me considere el piloto de todo cuanto me rodea (que eso es lo que implica). Las consecuencia que de ello se derivan por el lado ético son (al menos):
* todo lo que me rodea carece de mi dignidad
En realidad, lo que había que decir de la explicación ha quedado suficientemente claro así que, lo que toca hacer en este apartado de título... por lo menos equívoco es confrontar comprensión con lo dicho con anterioridad. ¿Qué dice el María Moliner de este vocablo? Lo que aquí llama la atención es que esta acepción, por la que probablemente habríamos apostado que se trataba de la primera, sólo aparece en segundo lugar: previa a ella nos topamos con Abrazar. Ceñir. Abarcar. Incluir. Rodear por todas partes, y aquí da igual que sigamos con el Moliner, cambiemos al de la Real Academia o al Cuervo... esto es, que esa poco estimada imagen de la totalidad estaba aquí detrás. Llegados a este punto, uno repasa fichas, repasa libros, y los indicios se confirman en todos los sentidos: entre los alineados en el campo de la religión se dirige la artillería contra objetivos tales como la "superstición del hecho", que apunta René Guenon y que evoca, en el campo de la ciencia, la proposición 5.1361 del Tractatus2. Dentro también del campo de la religión encontramos otro tipo de referencias en Bede Griffiths, por ejemplo. Este autor hace notar la utilización del término superstición para minusvalorar y estigmatizar un mundo como el hindú, que para sus habitantes era sagrado. Tras ellos hay testimonios de gentes que parecen moverse en tierra de nadie, como Baudelaire, que afirma que la superstición es la alberca de todas las verdades. Cocteau dice de ella que es el arte de reglarse con las coincidencias. La posición científica queda enmarcada por una tan célebre como visceral afirmación de Einstein: No hay nada más incomprensible que el hecho de que el mundo sea comprensible. Para traducir esto al ritmo modesto y pausado que requieren estos párrafos podemos recurrir al artículo correspondiente a superstición de la Enciclopedia Católica:
La ignorancia de las causas naturales nos lleva a la creencia de que ciertos fenómenos sorprendentes expresan la voluntad o la angustia de algún poder suprarrector no visible, y los objetos en que tales fenómenos se muestran son deificados de inmediato, como en la adoración de la naturaleza. Al verter todo esto en la vasija de esta pequeña reflexión la cuestión queda abocada a qué actitud tomar ante la etiqueta supersticioso3. La propuesta concreta de quien la firma se desglosaría del siguiente modo:
1 Y puestos ya en estas zarandajas, no hay que pasar por alto que todo esto se construya sobre el muy expresivo "estar". Volver al texto
2 Las dos anteriores, a las que la mentada viene a rematar, dicen:
3 Porque, de lo que no puede caber duda alguna es de que, mientras nos se demuestre lo contrario, "superstición" es una etiqueta, y ahí están los montones de hechos que encontramos en cualquier rincón del mundo y que han evitado el menosprecio con la benigna etiqueta de "folclórico", o mejor aún, los auténticamente afortunados que han logrado ubicarse entre muy respetables "creencias".
En este punto se entronca la sugerente línea de reflexión que propone Roger Caillois. Dice este autor: [La superstición] aparece así como perversión, es decir, como aplicación a la realidad de uno de los principios del juego, el alea, que hace que se espere todo del azar y nada de si. La corrupción de la mimicry sigue un camino paralelo: se produce cuando el simulacro ya no es considerado como tal, cuando quien se disfraza cree en la realidad del papel del disfrazado y de la máscara. No interpreta ya al otro al que representa. Convencido de que es el otro, se comporta en consecuencia y olvida el ser que es. La pérdida de su identidad profunda representa el castigo de quien no sabe detener el juego del que debe cargar con una personalidad extraña. Es, hablando con propiedad, la alienación. Volver al texto
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