los ojos de Minerva |
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El pensamiento fantasmalVivimos días de pasión por la historia, ésa en la que se ha insistido que era maestra de la vida y de la que, sin embargo, ¿cúando se ha aprendido menos que ahora? Muy probablemente es debido a que nuestro interés por ella es compulsivo y así, dejamos ir las enseñanzas que nos brinda -siempre tan dinámicas y moldeables- para hincarnos en un ansia que hemos hecho muy nuestra: impedir que se nos vaya de las manos un pasado que se niega a permanecer junto a nosotros... Ante esto los filósofos -seres humanos al fin- nos comportamos exactamente igual que los demás: nos empeñamos en que no se derrumben unas estructuras de pensamiento (ahí nuestro timbre de tales "filósofos") sin las que -tememos- el mundo caería en el absurdo, el sinsentido o la locura. ¿Y? También como los demás, nuestros éxitos han sido tan poco brillantes como los de ellos. Puede que el error esté -siempre suponiendo que exista- en que hayamos olvidado que nuestro quehacer se basa en un lastre que, irónicamente, es quien lo hace posible: nuestra condición de hombres (bien es verdad que sin ella nunca nos habría sido dada la posterior de filósofos...) Y si las cosas son así, hay otro lastre de consecuencias a considerar: olvidamos -da la sensación que con intención- que la condición humana tiene mucho de fantasmal... Si recurrimos a esas cantidades que tanto nos gustan hoy, resultan que los estudios modernos calculan que una persona con 60 años de vida se habría pasado aproximadamente 20 de ellos durmiendo y, de ésos, 5 soñando... El dato resulta más llamativo cuando reparamos en que esa condición fantasmal la hemos hecho nosotros, el ser humano moderno y contemporáneo porque, en casi todas esas culturas a las que calificamos de primitivas, los sueños han merecido siempre una atención muy especial: han gozado del rango de una suprarrealidad repleta de matices imperceptibles en el plano cotidiano y, precisamente, consideraban que una de las funciones del sueño era mantener el tiempo sin rompimientos cualitativos... Pero los datos no terminan aquí: sabemos que muchas de esas nociones científicas a las que tanto prestigio concedemos padecen... sospechosas cojeras: Es perfectamente posible que haya sustancias incorpóreas no detectables por los instrumentos hechos de materia ordinaria. En la física cuántica las partículas elementales están muy lejos de ser lo que se entiende por corpóreo en el lenguaje ordinario, Son paquetes discretos de energía sólo si se las mide de determinada manera. Si se las mide de otra manera, son unas complicadas ondas de probabilidad de nada, descritas en unos espacios abstractos y artificiales de muchas dimensiones. ¿Hay algo más fantasmagórico que un neutrino? Pues bien, las otras partículas son igualmente misteriosas, y si algunas están formadas por quarks, éstos son más misteriosos aún. Si la materia está formada por partíulas conocidas sólo por unas propiedades que se expresan sólo por fórmulas matemáticas, y si nadie sabe que hay detrás de esas fórmulas, quienes somos nosotros para decir que no puede haber otras sustancias...1
El caso es que entre todos esos materiales históricos hay "filosofía" que, al añadir a su poca entidad material -no hay modo de aplicarle ley física alguna- la fantasmal marca del pasado, queda dibujada en figura demasiado fantasmal: lo habitual es que no tenga ni siquiera el respaldo del filósofo que la parió. ¿Qué hubiera visto la luz de todos modos? Pues tal vez sí... lo que no deja de insistir en su condición de aparición. Concreto y poco fantasmal no es nada más que su progenitor... ¿Seguro?
Antaño, Chuang-Tse soñó que era una revoloteante mariposa satisfecha de su suerte e ignorante de que era el propio Tse. Bruscamente, se despertó, percatándose con asombro de que era Chuang-Tse.Se trata de un texto tan de sobra conocido como sistemáticamente ignorado, con toda probabilidad porque entra en el monto de las escasas creaciones humanas redondas, perfectas, y una de las cosas que al hombre le resulta más difícil evitar es su vena narcisista y, si no puede lucirse al hilo de... ¿Mala conciencia de su condición fantasmal? El caso es que, a renglón seguido, en el estante vecino, se encontraba un segundo libro con un texto que, a su modo y con su lenguaje, relata una vivencia semejante: se trata de las dos frases de Heráclito que Diels fijó bajo el no 89:
El tener uno y común el mundo se manifiesta a los que velan; en el sueño cada uno retorna dentro de sí. Si uno retorna dentro de sí es porque allí hay algo a lo que volver, mundo, universo o lo que quiera que sea (en su "interior" -nótese que interior lo decimos nosotros, no él- el chino tenía una revoloteante mariposa, que en la cultura mítica del segundo personaje resulta ser personificación del alma humana y símbolo de la espiritualidad que enamora al propio Eros...) Cada uno a su modo... ¡tienen tanta fuerza!
Lo primero que llama la atención es que tanto el uno como el otro rechazan poner el relato en primera persona cuando, en principio, parece que lo fácil hubiera sido eso. ¿Qué les llevó a hacerlo así? Seguramente la intuición del problema de fondo que ambos textos implican: ¿es viable el realismo metafísico? Y es que poner el YO por delante supone tomar posición a favor del sí, aunque como "petito principii"... Chuang-Tse tiene incluso la humorada de hacer a su personaje homónimo, como sugiriendo que, a la hora de tomar partido, estaría mucho más dispuesto a hacerlo por la diferencia que por la identidad del yo... lo que directamente nos lleva a la psicología contemporánea y a una ontología a descubrir. El Oscuro, por contra, habla de los hombres como si el fuese un personaje de otro planeta: ¿qué tiene él que ver con gente así? Ni en tiempos de uno ni de otro existían estudiosos de lógica y menos aún de semántica; los de hoy nos dicen que el hombre es capaz de ver el mundo únicamente a través de su propio orden y médicos y psicoanalistas, concretamente, nos dicen que gran parte de este orden se elabora en el sueño. Todavía más: físicos y matemáticos (Einstein, Heisenberg, Gödel...) destrozan toda posibilidad de referencias absolutas en las dinámicas gnoseológicas: ¿cómo debemos entender tanto trabajo en relación a algo que ellos dejan cerrado en cuatro palabras? Pues eso... según lo entendamos; el maestro taoista hace un planteamiento que es un juego de reflexiones: si ponemos un espejo frente a otro, nunca podremos considerar a ninguno como de rango superior, como referencia; dicho de otro modo: si en algún momento tenemos la sensación de que, en efecto, hay una jerarquía entre ellos, tenemos que pararnos y entender que esa jerarquía la ponemos nosotros, que al posar nuestra mirada sobre uno, por ese simple hecho lo hemos convertido en referencia... El planteamiento de Heráclito es opuesto: distingue radicalmente entre el mundo de la vigilia y el del sueño; único y común el primero, es el mundo de la relación, del convivir y compartir. Ante él, el del sueño se presenta como el mundo del ensimismamiento radical; lo único que sabemos decir de él es que es inefable...
Está bien, está muy bien... pero lo que aquí nos ocupa no es la partitura, sino la música, y la partitura nunca es música hasta que no cae en manos del intérprete (en nuestro caso, nuestros fantasmales pensadores) que, ¿qué hace con ese sempiterno espacio-tiempo onírico? El espacio onírico interesa muy especialmente a los psicoanalistas: El espacio del sueño exige [...] una doble posición absoluta: del sujeto en tanto que conciencia anónima del objeto; y del objeto en tanto que presencia para algún sujeto4
El tiempo del sueño es... ¿cómo se podría explicar? Encarnación del tópico del presente eterno, miniaturiza el infinito para hacerlo compatible con la escala humana... que es lo que parece interesar a Chuang-Tse con ese presente traumático que hace aparecer en su relato. ¿Antes? ¡Quien sabe! ¿Después?: La investigación del tiempo en los sueños está enderezada hacia la investigación de la multiplicidad de los tiempos en que el hombre (al menos en esta época) vive. Que todo esto sea así, nos pone sobreaviso de que a ninguno de los dos escapa la facticidad de la conciencia onírica, que queda reflejada en ese inequívoco presente a que acabamos de aludir... y en el no menos pertinaz y distante silencio del heleno, que se guarda absolutamente de todo lo que pueda resultar expresión superflua... Dicho de otro modo: tanto respeto al hecho viene a cuento de que ambos conceden una enorme importancia a la envergadura de los temas aquí encerrados:
Llegados a este punto, es inevitable una curiosidad muy simple: ¿son Heráclito y Chuang-Tse bichos raros? No lo deben ser mucho porque, en cuanto nos ponemos a buscar, encontramos de inmediato gente en su línea:
De viaje y enfermo Es el poema que el maestro Basho compone en su lecho de muerte, pero no hace falta llegar al Japón legendario; en el mucho más cercano Corán leemos: Dios recibe las almas en el momento de la muerte y recibe también a aquellas que, sin morir, están en el sueño (39/49) Por seguir, se puede continuar con Novalis, Petronio o Maimónides, pero seguramente más interés tiene detenerse en otro tipo de testimonios por lo que tienen de sorprendente o inesperado. Son los testimonios que encontramos en algunos de los grandes popes de nuestra cultura científica y materialista. Por ejemplo, aquella observación de Einstein a Heisenberg citada una y mil veces: Es la teoría la que determina lo que se puede observar... Da que pensar que estemos tan ocupados de esa teoría hacia "adelante", ¿no deberíamos hacer un poco de autocrítica y echar una mirada hacia atrás de vez en cuando? A cuento de esto tiene Bachelard unas líneas que encajan que ni pintadas:
No se puede estudiar lo que primero ha sido soñado. La ciencia suele formarse antes sobre un sueño que sobre una experiencia, y son necesarias muchas experiencias para lograr borrar las brumas del sueño. En particular, el mismo trabajo sobre igual materia para obtener idéntico resultado objetivo, no tiene el mismo sentido subjetivo en dos mentalidades tan distintas como son la del hombre primitivo y la del hombre instruído. Para el hombre primitivo, el pensamiento es un sueño centralizado; para el hombre instruído, el sueño es un pensamiento incontrolado. El sentido dinámico es inverso en uno y otro caso11 Menos conocida -pero mucho más emocionante y conmovedora- es una observación que, en una carta privada, hizo Wittgenstein a su amigo Paul Engelmann:
En nuestros mejores momentos nos despertamos tanto del sueño que reconocemos que soñamos12 ¿Qué éste no es lugar para emotividades y nuestro discurso debe ser lo más razonado posible? Desde luego... pero sin catecismos siempre nefastos: recurramos de nuevo a Bachelard para encontrar un testimonio de lo que podría pasar por racionalización de la observación del vienés:
...no hay objeciones capaces de detener a un soñador que sueña sobre sus ensoñaciones. Llegar por tanto al fondo de todas las paradojas que dan una intensidad de ser a las imágenes efímeras. La primera de las paradojas ontológicas es ésta: la ensoñación, al transportar al soñador a otro mundo hace del soñador un ser diferente de sí mismo. Y sin embargo ese otro ser sigue siendo él mismo, el doble de sí mismo. La literatura sobre el doble no escasea. Poetas y escritores podrían proporcionarnos numerosos documentos. Los psicólogos y los psiquiatras han estudiado el desdoblamiento de la personalidad. Pero esos "desdoblamientos" son casos extremos en donde de alguna manera se rompen los lazos entre dos personalidades desdobladas. La ensoñación -y no el sueño- conserva el dominio de esos desdoblamientos. En los casos que encontramos en psiquiatría, la naturaleza profunda de la ensoñación se borra [...]
Así, el ser proyectado por la ensoñación -dado que nuestro yo soñador es un ser proyectado- es tan doble como nosotros mismos y, como nosotros mismos, animus y anima. Henos aquí en el núcleo de todas nuestras paradojas: el doble es el doble de un ser doble13 Sobre todos esos testimonios merece la pena destacar uno en particular (paradójicamente, el más artificial de todos) por lo que tiene de instructivo: se trata de La noche boca arriba, una espléndida miniatura literaria de Julio Cortázar. En esta mini obra maestra se enfrentan dos espacio-tiempos distintos; teóricamente, claro, se supone que uno es "real" y el otro es "onírico"... lo que ocurre es que el mundo que parecía ser el real es el onírico y viceversa. En todos los sentidos se trata de una estupenda concreción de lo que aquí nos ocupa; no obstante, lo que resulta especialmente pedagógico es el equívoco en que se basa su juego: la contraposición real/onírico se lleva a cabo enfrentando dos culturas distintas y, como una es la nuestra, instintivamente le colocamos la etiqueta de real, sin darnos cuenta que el relato tiene sus propias reglas y que las cosas resultan ser justo al revés: la constatación del automático desliz psíquico resulta espectacular... Y es que, si no somos capaces de poner pegas a la observación de Heráclito de que el mundo de la vigilia es el mundo compartido, entonces tendremos que conceder de inmediato que ése es el mundo de la DIFERENCIA (¿de dónde, sino, ese montón de individualidades que comparten?) mientras que el mundo del sueño lo es del no cuestionamiento y la IDENTIDAD radical (que el bicho protagonista del sueño de Chuang-Tse sea una mariposa y no otro ser vivo cualquiera nos excusa la pertinente documentación jungiana) ¿Entonces? Casi al principio de estas páginas aludíamos al realismo metafísico y al afán que en la búsqueda de los posibles tesoros que encierra ha guiado la historia de nuestra filosofía, nuestra historia... ·¡Quien sabe si ha sido más sincera que bien intencionada o al revés! Desde luego, lejos de estas modestas páginas ambición alguna de dar respuesta ni remotamente a las difíciles cuestiones que nos han ido saliendo al encuentro; todo lo contrario: se trataba de señalar puntos con telarañas y que, para jugar seriamente lo que pregonamos es nuestro juego, no podemos tomárnoslas a lo dramático como si fuésemos los protagonistas de alguna de aquellas viejas películas de miedo de Boris Karloff, porque nos estamos haciendo los interesantes estúpidamente: es mera, simple falta de higiene que se soluciona con limpieza; dar pábulo a otra cosa es la deshonestidad más tonta de todas, la del que se hace trampa jugando solitarios para, finalmente, contemplarse satisfecho por lo bien que le ha cuadrado todo.
1 Martin Gardner, Los porqués de un escriba filósofo, Barcelona, 1989, pp-328-329. Volver al texto 2 L'oeuvre completè de Chuang-tse; traduction, prèfaces et notes de Liou Kia-hway, París, 1969, p. 45 (la traducción al castellano es mía. Escoger esta traducción y no cualquier otra de las clásicas a lenguas occidentales -L. Wieger, A. Waley, etc.- repito, es sólo porque es la que estaba allí, en el estante) Volver al texto 3"Rêve", vol. IV del Dictionnaire des Symboles, Paris, 1974. Volver al texto 4 Sami-Ali, L'espace imaginaire, Paris, 1974, p. 138. Volver al texto 5 María Zambrano, "Los sueños y el tiempo", en Diógenes, no 19, p. 57. Volver al texto 6 Cf. J. Chevalier & A. Gheerbrant, op. cit., p. 95 Volver al texto 7 Cf. Metafísica (IX, 10) de Aristóteles: El ser propiamente dicho es sobre todo lo verdadero; el no ser lo falso [...] No porque creamos que tú eres blanco, eres blanco en efecto, sino porque eres en efecto blanco, y al decir nosotros que lo eres, decimos la verdad. Volver al texto 8 Juan Rulfo, Pedro Páramo, Barcelona, 1987, p.57. Volver al texto 9 Es llamativa la resistencia del castellano a unir el infinitivo ser con el participio pasivo "muerto"... delator de nuestra resistencia a conceder estatus ontológico a la muerte... es decir, que nos negamos a reconocer su permanencia Volver al texto 10 Es muy sugerente contraponer a esta sensación tan bruta, tan violenta, la elaboración hesiódica; para él, la noche era hija del Caos y la Tierra: es obvio que, aunque no se trata de ninguna explicación, es una estupenda expresión de sus misteriosas potencias... como las aguas, tiene un significado de fertilidad, virtualidad, simiente nos apunta Cirlot remitiéndonos, en última instancia, a Eliade. Volver al texto 11 G. Bachelard, Psicoanálisis del fuego, Madrid, 1966, p. 40. Volver al texto 12 Citada por P. Watzlawick en La coleta del barón de Münchhausen, Barcelona, 1992, p. 141. Volver al texto 13 G. Bachelard, La poética de la ensoñación, Mexico, 1982, pp. 123-125. Volver al texto
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