los ojos de Minerva |
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BACHELARDIANA
7.- ¿Dónde está entonces ....- Con semejantes antecedentes, efectivamente es muy difícil -por no decir imposible- no estar de acuerdo en que formas semejantes han quedado "desinfectadas" y "desinsectadas" y, por tanto, en perfecto estado de revista. La cuestión que se plantea es ¿por qué no aprovechar eso? ¿por qué no retomar esas formas -lo único que han dejado- y volver a reanimarlas, intentar que vuelvan a ser lo que eran antes de caer en sus manos? Bachelard sugiere como camino de ataque la enseñanza de las geometrías no euclidianas. ¿Qué que ha visto en ellas? Seguramente eso, la vista: al ser el de más alcance (físico, naturalmente), es el sentido de más potencia . La consecuencia inmediata de eso es que la vista es el sentido que más posibilidades de dominio ofrece sobre el mundo que nos rodea (de hecho, raro es el juego en el que la vista no interviene de un modo capital). Así que, si esas geometrías dejadas en la sombra por la enseñanza oficial y pragmática salen a la luz, lo inmediato es que la geometría tridimensional pierde su monopolio, y como esa geometría es la sustentadora del sentido de la vista, nuestro poder pierde fuerza, el mundo se hace misterioso y retante, la razón debe adentrarse en terrenos desconocidos, estar alerta y moverse... ¿quién podría determinar lo que se abre aquí? Bajo esta óptica, ¡qué ridícula resulta la enseñanza "oficial y pragmática"! ¡Qué cicatera y alicorta! Pero, claro, ella no puede soportar -llevar sobre sí- lo otro, porque lo otro, en la práctica, exige unos profesores comprometidos con su "ser persona", y unos alumnos con la misma actitud, personas despiertas, ajenas a todo tipo de fés, dogmas y creencias; gente que en cuanto caen en algo así, tienen a su lado alguien que les sacude para impedir que se les pegue... y esa actitud integral está en directa contradicción con los pilares de la sociedad y los poderes estatuidos que, al igual que los animales en la selva, tienen instinto de conservación y están dispuestos a destrozar de un zarpazo todo aquello en lo que vean una amenaza... Resumiendo la idea (sin zoología y en un caso concreto plenamente válido en nuestra sociedad y las de nuestro entorno, llamadas "democráticas occidentales"): el voto de verdad, el que tiene sentido, no es el de tantos o cuantos millones de que los políticos tanto presumen, sino el de 1 + 1 + 1 + 1 + 1 + 1 + 1 + ... así hasta totalizar todos esos millones de la presunción previa. ¿La diferencia? Está en el respeto que como individuos merecen todas y cada una de esas personas; es fijarse menos en la "cantidad" y más en la "calidad"... lo contrario es el enorme coste en infraestructura personal que paga el ciudadano; es la policía mirando sospechosamente la más mínima cosa que uno hace; también puede ser citar tanto a Marx y Pablo Iglesias como o las más altas "Raisons d'Etat"; en el plano estético podemos recordar a Bob Dylan 1, o poner los ojos en blanco ante un texto de Antonin Artaud escogido al azar... o si no queremos tomarnos la molestia, los siguientes versos de Tristan Tzara pueden valer
... o... ¡qué más da! Volvamos al camino, que hemos vuelto a salirnos de él. Razón y revolución es un binomio que en el mundo de nuestros días es difícilmente separable: "revolución" tiene un inmenso prestigio -consolidado absolutamente desde el triunfo de la revolución rusa-: todo el que pretenda llevar a cabo algo que quiera presentar con ínfulas de gran empresa, lo presenta como revolución (a la que, en seguida, hay que añadirle razones). Hay revoluciones, además, de toda índole: culinarias, estéticas, futbolísticas o copernicanas; es lo mismo. ¿Bachelard era el que faltaba? Pues no. Como todos los términos que se usan con demasiada frecuencia y se aplican a prácticamente todo, llega un momento en que el significado que les era propio y les distinguía se diluye, pero eso no quiere decir que carezcan de sentido en origen; en este caso, el sentido primitivo del término proviene de la mecánica, aquello del giro, la vuelta completa. Entonces, aquí no hay por qué utilizar otro término porque de lo que se habla es precisamente de eso, de que la razón gire completamente. Pero, ¿es que esta revolución concreta se puede enseñar? ¿No será algo así como el buen oído, que se tiene o no? Quizá haya algo de eso una vez puesta en marcha; sin embargo, de antemano, siempre habrá una cosa, por lo menos, que se puede enseñar: el punto de giro... estamos tan acostumbrados a la rueda que nos parece algo intuitivo y natural, y casi siempre nos olvidamos que muy notables civilizaciones fueron incapaces de utilizarla. Cuanto más, ¿qué no podría ocurrir con revoluciones espirituales? La última parte de la frase nos trae a la mente a los geómetras y sus "cuerpos de revolución": la semirrecta inclinada que genera el cono, la vertical que genera el cilindro... es el giro del que hace un instante hablábamos. Pero ese ejercicio mental tiene una consecuencia gnoseológica inmediata -implicada en el planteamiento-: el cuerpo existe mientras la semirrecta gire; ¿a dónde se va el cuerpo cuando la semirrecta se detiene? ¿qué es -de nuevo el interrogante ontológico- el cuerpo? Aquí pasa lo mismo: el estado de revolución, para que sea tal, implica un estado de revolución sin fin (sin olvidar que, entonces, la revolución no es un ser, sino un estar); en el momento que sustantivicemos ese estar, caemos nada menos que en el ser (el "sillón" del que hablábamos casi al principio del trabajo) y la revolución perece. El contribuir que sigue es muy importante, por lo que dice y por lo que no dice. "Contribuir" es sinónimo de "aportar", y el motivo de entretenernos tantísimo en todo esto es porque se trata de una aportación "sine qua non". Pero una aportación no lo es todo... Singularizar e individualizar añaden dos importantes matices que tampoco debemos pasar por alto: singularizar es el proceso de descomponer en unidades, mientras que individualizar es cualificar esas singularidades, reparar en lo que cada una de ellas tiene de único, de irrepetible, de distinto...2 Entonces, la singularización de las filosofías racionalistas tiene como objetivo separarlas; ¿para qué? Para que los distintos logros de cada una tengan la mínima cantidad posible de lastres y puedan alcanzar toda la potencia de que sean capaces. Lo de "reindividualizar" la razón lo explica la continuación: la razón no debe ser nada que se parezca a las tablas de Moisés. Nada inmutable. Nada indiscutible. Razón es acción, y no hay acción sin actor. "Concierto" es un hermoso término, tal vez por la gran connotación musical que encierra. Su opuesto aquí, desconcierto, va en relación con algo tan leve, tan hermoso y "concertato", como una sonrisa. ¿Qué encierra esa sonrisa para provocar desconcierto? Pues que a alguien tan ilustre y con tantos títulos como a la razón se le hace reparar en su conducta, propia de un macarra de barrio periférico de gran urbe. Como cualquier otro colega de comportamiento, quiere acoquinar a su oponente, porque no tiene más armas que sacar pecho y una agresiva mueca de suficiencia. Y como cualquier otro macarra cuenta con el susto del contrincante y, al no producirse éste, y obsequiarle el contrincante -además- con una sonrisa, queda desconcertada. Todavía le quedaría la salida que un macarra de pro emplea en estos casos, perdonar "la vida" y retirarse con el pecho tan hinchado como al aparecer. Pero no. Entonces, en el peor momento, le aflora su noble cuna, su auténtica y verdadera noble cuna. Y se queda parada, avergonzada... "Jouer"... es una lástima, una auténtica y verdadera lástima que no admita la traducción literal, "jugar", que tiene mucha más fuerza que "tocar", sobre todo así, a palo seco. "Tocar" las castañuelas o el piano (¡tanto da!) tiene carga expresiva pero, "tocar" la axiomática, ¿qué clase de instrumento es esa "axiomática"? Y esa es la clave: ¿en qué está afinada la axiomática? ¿cuál es su tónica?... Hasta el momento, los axiomas se habían considerado potentes columnas, vigas todopoderosas; ¿debemos reconsiderar su "status" y ponerlos a un nivel mucho más festivo o informal, algo así como pandereta o pito? ¡Un poco dura si que se hace la maniobra! A lo mejor, no pasa más que, de un lado, existe una supervaloración, y consecuente, infravaloración en el opuesto... la cosa, en ese caso, tampoco sería tan grave: ¿quien nos dice que con esfuerzo y trabajo -desde luego, empezando por la propia redimensión del instrumento-, no vayamos a ser capaces de interpretar algo así como el concierto "Emperador"? Y si la partitura existe, como es el caso, ese mismo hecho nos habla de la posibilidad real del empeño. Enseñar-desaprender-comprender... ¡qué trío más curioso y cuanto chirría ahí en medio ese "desaprender"! Aunque, si tiramos un poquito de lupa, tampoco es tan sorprendente ni tan difícil: lo que se trata de enseñar es una actitud vital, una actitud vital a los vivos que, por la vida que detentan, ya tienen una actitud, la que fuere. Entonces, el primer nivel de desaprender es directo e inmediato: se trata de que abandonen esa actitud que ya tienen. Claro que, una vez captado ese primer nivel, la sorpresa es no menos inmediata: se abandona una determinada actitud y se sustituye... ¡por nada! ¿Cómo puede ser eso? Cualquier proceso de conocimiento -se entienda como queramos- es un proceso de unificación en el que somos juez y parte... y parte lo vamos a ser siempre, ¡pero jueces! Somos unos magistrados rotundamente cotorros hasta el ridículo de no dejar hablar a las partes, de no dejarlas presentar sus alegaciones. Precisamente esto es lo que se trata de evitar. Si alguien pregunta por la sentencia, que sepa que eso es un asunto distinto; y si no, veamos la nada misteriosa carga que hay tras ese "comprender", que parece anunciar que la tal sentencia sobra. El diccionario de uso del español de María Moliner al que ya alguna vez hemos recurrido nos habla de "abarcar", "incluir"; luego menta al diccionario de la Academia con "abrazar", "ceñir" y, por último, nos remite a "entender".3 Entonces, entender lo que nos dice es, en definitiva, más de lo mismo, que nos retiremos de en medio, que el proceso de asimilación de la realidad en mitad del camino nunca podrá llevarse a buen término con garantías, con la solvencia que semejante empresa merece. La variedad nos remite a los pedazos que han salido despedidos de lo que era el monolítico racionalismo antes de ser dinamitado; si vale continuar con la imagen, todo queda al albur de su libre trayectoria. De este modo, lo que antes era todo rigidez y solidez, ahora se nos muestra como una riquísima imagen caleidoscópica: las pautas que la forman se arman y se desarman mucho antes de que hayamos podido pensar siquiera en fijar ESA especialmente hermosa.
1 ¿A quién diantre le
interesa ya aquello de
2 Uno singular se opone a múltiple.
Individuo se opone a colectivo. Volver al
texto
3 El Micro Robert" al que también hemos recurrido ya, no es sustancialmente diferente. Nos habla de dos acepciones principales, I) Formar parte de un conjunto y II) Entender. Volver al texto
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