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los ojos de Minerva

Racional / irracional: una frontera en constante movimiento


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J.S.T
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BACHELARDIANA

Una Glosa (V)

La dialectique tout interne de la pensée rationnelle n'apparaît vraiment qu'au XIXe siècle. Elle apparaît en même temps dans la philosophie et dans la science, sans qu'il y ait d'ailleurs aucune influence entre les deux mouvements: Lobatchewsky, en dialectisant la pensée géométrique, ignore Hegel. Hegel, en dialectisant la pensée métaphysique, ignore naturellement Lobatchewsky. Il ignore même les mathématiques. Si grande que soit la tentation d'attacher le rationalisme dialectique aux thèmes hégéliens, il faut sans doute la refuser. La dialectique hégélienne nous place, en effet, devant une dialectique a priori, devant une dialectique où la liberté d'esprit est trop inconditionnée, trop désertique. Elle peut conduire peut-être à une morale et à une politique générales. Elle ne peut conduire à un exercice quotidien des libertés d'esprit, détaillées et renaissantes. Elle correspond à ces sociétés sans vie où l'on est libre de tout faire mais où l'on n'a rien à faire. Alors, on est libre de penser, mais on n'a rien à penser. Bien supérieure est la dialectique instituée au niveau des notions particulières, a posteriori, après que le hasard ou l'histoire ont apporté une notion que reste, par cela même, contingente. Du jour où Lobatchewsky a dialectisé la notion de parallèle, il a invité l'esprit humain à compléter dialectiquement les notions fondamentales. Une mobilité essentielle, une effervescence psychique , une joie spirituelle se sont trouvées associées à l'activité de la raison. Lobatchewsky a crée l'humour géométrique en appliquant l'esprit de finesse à l'esprit géométrique; il a promu la raison polémique au rang de raison constituante; il a fondé la liberté de la raison à l'égard d'elle-même en assouplissant l'application du principe de contradiction. La dialéctica propiamente interna del pensamiento racional no aparece verdaderamente hasta el siglo XIX. Surge al mismo tiempo en la filosofía y en la ciencia, sin que por lo demás haya ninguna influencia entre los dos movimientos: Lobatchewsky, dialectizando el pensamiento geométrico, ignora a Hegel. Hegel, dialectizando el pensamiento metafísico, ignora por supuesto a Lobatchewsky. Ignora incluso las matemáticas. Por grande que sea la tentación de ligar el racionalismo dialéctico a los temas hegelianos, hay que rechazarla sin dudar. La dialéctica hegeliana nos coloca, en efecto, ante una dialéctica a priori, ante una dialéctica en donde la libertad de espíritu está demasiado incondicionada, demasiado desértica. Quizá puede conducirnos a una moral y a una política generales. No puede conducir a un ejercicio cotidiano de las libertades de espíritu, detalladas y renacientes. Corresponde a esas sociedades sin vida en donde se es libre de hacer todo pero donde no hay nada que hacer. Por lo tanto, se es libre de pensar, pero no se tiene nada que pensar. Muy superior es la dialéctica instituida en el plano de las nociones particulares, a posteriori, después de que el azar o la historia han aportado una noción que se queda, por eso mismo, en contingente. Desde el día en que Lobatchewsky dialectizó la noción de paralela, invitó al espíritu humano a completar dialécticamente las nociones fundamentales. Una movilidad esencial, una efervescencia psíquica, una alegría espiritual se encontraron asociadas a la actividad de la razón. Lobatchewsky creó el humor geométrico aplicando espíritu de finura al espíritu geométrico; promovió la razón polémica al rango de razón constituyente; fundamentó la libertad de la razón cara a ella misma flexibilizando la aplicación del principio de contradicción.

5.- La dialéctica propiamente interna ...

Bueno; en principio, las coincidencias, coincidencias son y tampoco parece ofrecer duda alguna el dicho popular de que no hay que buscarle tres pies al gato. Lo que ocurre es que, a veces -como aquí- esos pies son de un tamaño bastante mayor de lo que se podría esperar. Entonces, cabe preguntarse por lo que está pasando en el desarrollo del espíritu humano, ya que pudiera ser que hubiese algo en el ambiente que, determinadas mentes, captan1...

La dialéctica propiamente interna del pensamiento racional no aparece verdaderamente hasta el siglo XIX es una frase de apariencia incolora e inodora, pero posee una tremenda carga explosiva.

Los manuales escolares nos hablan de que la dialéctica es una creación de Parménides (creación que utilizó para cimentar sus tesis ontológicas); dicha creación fue progresivamente sutilizada y perfeccionada, hasta convertirse en la aguda herramienta lógica que hoy es.

Durante todos los siglos en que la dialéctica ha estado ahí, ha oscilado alternativamente entre los dos puntos límite que parecían serle naturales:

a) Mera herramienta lógica; forma de pensar.
b) Dinámica del discurso; contenido del pensamiento.

Entonces, ¿dónde está la radical novedad que Hegel aporta a algo tan viejo? Esa novedad radical que Hegel aporta es el TIEMPO. Más coincidencias: eso sucede cuando el Ancien Régime cae.

La lectura que hay que hacer de todo esto tiene todo el aspecto de ser la "madre del cordero". Para empezar, la sugerencia inmediata es una reacción en contra del mantenimiento del statu-quo, tal como pretendieron los grandes personajes que dieron vida al Congreso de Viena.

¿Los datos? El Congreso de Viena se celebró entre los años 1814-15; la comunicación de Lobatchewsky (oral) es de 1826, y se publicó en la revista de su universidad, Kazán, en 1829. Hegel muere en 1831.

Estos son datos auténticamente directos; además, indirectos, en unos cuantos decenios, hay un buen montón y a cual más significativo: en arte, la época corresponde al último período de Goya (+1828); no obstante, sólo dieciséis años después Turner pintaba "LLuvia, vapor y velocidad", por seguir con datos muy concretos y precisos.

Todavía dentro de las artes plásticas, en un sentido más conceptual, podemos hablar de una dialectización del color si recordamos a Delacroix...

Pero los datos no finalizan ahí: son muchos y de muy distinto tipo: Clausenwitz (+1831) inicia la doctrina militar moderna; Humboldt (+1835) la lingüística comparada; además, es la época de las doctrinas económicas de Adam Smith y David Ricardo...

En 1830 se inaugura el primer ferrocarril: Liverpool-Manchester (sólo 18 años después la red ferroviaria inglesa tenía 8.000 Km.)...

¿No nos está hablando todo esto de una dialectización general de la sociedad europea, que se negaba visceralmente a aceptar las conservadoras conclusiones del Congreso de Viena? Creemos que así es, y que aquí se encierra un hermoso toro dispuesto a ser lidiado por quien se atreva...

Puede que haya aquí -dicho sea entre paréntesis- una de esas hermosas lecciones de historia, de esas que un vistazo apresurado parece situar allá en la distancia pero que, en cuanto reparamos en ella, se plantan ante nosotros con un vigor sorprendente: todas las más ilustres entre las ilustres fuerzas vivas del capitalismo -del conservadurismo más radical a la social-democracia disfrazada de Internacional Socialista pasando por las paradas intermedias que queramos- que ante el espectacular derrumbe del mundo comunista se frotaron las manos con fruición, en la actualidad hacen esfuerzos inauditos para no enterarse de que están tan muertas como su ancestral oponente...

Estas sociedades de nuestros pecados, ahora llamadas del "bienestar", intentan eternizar el aquí y ahora, un punto dado bien concreto y preciso que se convierte en estático y estéril: carece de perspectivas y, desde luego, de futuro, que queda convertido en un ahora prolongado "sine die"...

Eso es así por que se trata de jugar, con total inconsciencia e ignorancia de lo que se hace, al mítico presente eterno2, que se intenta manejar como si se tratara del espacio. El tiempo es otra cosa, otra dimensión.

La solución que se puede proponer, desde luego, no está lejos: está en aceptar la movilidad, la movilidad, precisamente, de esas sociedades que sólo tienen presente. Dicho en términos más actuales, el futuro está en el inmenso egoismo y la inmensa generosidad que supone estar total y absolutamente en el ahora, un aquí y ahora positivo que no supone sino hacer lo que hay que hacer en el instante preciso en que se encuentra la flecha del tiempo: no logramos entender que el futuro está contenido en el presente, y eso es muy grave: nuestras sociedades del "bienestar" que tan vivas se estiman y que tanto se resisten a ser enterradas, empiezan a desprender el olorcillo bastante más que sospechoso que inhalamos todos. José-Luis Sampedro formulaba la cuestión en términos tan breves como esclarecedores; afirmaba que se intentaba preparar la economía del siglo XXI con ideas del siglo XIX.

Pero estábamos en el tiempo. Como tal, el tiempo no es ninguna novedad en la historia de la filosofía; ahí está su inequívoca concepción circular en Grecia, la no menos inequívocamente lineal del cristianismo, San Agustín, Newton, etc.

Todas esas concepciones, cada una con sus características y peculiaridades, coinciden en una cosa, en que el tiempo es un fondo, una amalgama que cumple la función de mostrar la coherencia de una doctrina teológica, o mitológica, ontológica... o lo que fuere.

Lo que Hegel, por contra, hace -¿a su pesar?- es traer ese tiempo a primer término, es ascenderlo desde su función de jarrón del decorado a protagonista de la obra. Y lo que quizá se le escapase (por eso ha sido inevitable la pregunta anterior) es su carácter tentacular: una vez llevado a primer término nunca más iba a admitir ser decorado de nada ni de nadie.

Al contrario, ha hecho que todos los demás co-protagonistas de la representación del desarrollo del pensamiento se adaptasen a él. El motivo es sencillo: cualquier objeto de reflexión en el que queramos reparar, por mucho peso específico que tenga -Dios, el mal, etc.-, por sutil y trascendente que quiera ser, siempre aparecerá lastrado por el hecho, precisamente, de ser "objeto de reflexión para el hombre". Por eso mismo, inevitablemente, será lastrado por el tiempo.

El simple índice de la "Ciencia de la Lógica"3 nos muestra bien a las claras el cepo temporal en el que queda atrapada la doctrina ontológica hegeliana. Damos una esquematización parcial tomada -invirtiendo la dirección derecha/izquierda para atenerse a la literalidad de Hegel- del diccionario de Ferrater Mora (voz "Dialéctica")4:

Tabla

Puede que haya quien encuentre poco dialéctico todo esto y objete que con meras referencias a la doctrina filosófica de un pensador particular -muchas o pocas-, nada nos autoriza a generalizar. En mero razonamiento la objeción es correcta; lo que sucede es que han transcurrido más de 150 años desde que se hizo pública dicha doctrina, que ha encaminado los hechos subsiguientes: de ahí su validez general5.

El caso de Lobatchewsky tiene todavía más gracia. Discípulo de un amigo de Gauss -una de las más célebres urracas intelectuales de la historia- era profesor en la universidad de Kazán.

El año 1826 presenta una memoria oral a los miembros de la facultad de física y matemáticas; dicha memoria se publicará tres años después en la revista de la propia universidad. En ella, se niega el postulado V de Euclides. En lenguaje actual, su tesis podría traducirse como: "Por un punto exterior a una recta dada pasan infinitas paralelas a dicha recta" (equivale a que la suma de los ángulos de un triángulo sea menor a dos rectos, idea de la que se vale para sus razonamientos geométricos).

¿Que qué es lo que tiene esto de gracioso? Que él presentaba su disertación como la presentación de una nueva "geometría imaginaria" que sometía al juicio de sus colegas. "Imaginaria"...

"Imaginación" es un concepto de gran tradición en la filosofía occidental; por eso mismo, a uno le entra la curiosidad de saber qué tendría exactamente en la cabeza este matemático ruso "de provincias" al usar el término. Seguro que no podía sospechar que, con su propuesta, entraba a formar parte de los co-creadores de la muy sabia regla número uno de la creación: "Las normas están para saltárselas" (que algunos, con un peculiar defecto de visión, leen: "Mi capricho es ley". Pero eso, además de arbitrismo, es otra historia).

Y mucho menos, que unos años después de su muerte, en el proceso de elaboración de algo que se llamaría "teoría de la relatividad", su creador, Albert Einstein, se toparía con la exigencia de manejar espacios de... ¿cúantas dimensiones? Como más adelante nos encontraremos en el propio texto de Bachelard: "[A la afirmación de que] la suma de los ángulos de un triángulo es igual a dos rectos, usted responde tranquilamente: Depende, porque, en efecto, eso depende de la elección de los axiomas".

¿Qué hacemos si aplicamos ese "depende" a cualquier tema científico que se nos ocurra? Como en el caso de Hegel, haríamos algo muy gordo: cualificar el que, por excelencia, es el saber de cantidad, el científico.

Explicitemos.

Aristóteles comenzaba su "Metafísica" afirmando que, por naturaleza, el hombre busca el saber. Y nosotros, hombres, cuando sabemos, ¿qué sabemos?... indudablemente, muchas cosas pero, en cualquier caso, eso que sabemos siempre podrá ser reducido a unos parámetros espacio-temporales concretos, los humanos. La formula general sería: consciencia de ALGO/ALGUIEN, ubicado en un ESPACIO/TIEMPO al que CUALIFICA/CUANTIFICA.

Sentada esa premisa, según funcione esa cualificación-cuantificación espacio-temporal, podremos dividir los saberes en tres grandes tipos: Mítico-Religiosos, Artísticos y Científicos. Entonces, puede que alguien pregunte: "¿Y dónde encaja la filosofía en este esquema?". Buena pregunta de la que intentaremos ocuparnos en un trabajo posterior.

Sigamos: pertenecen al primer grupo aquéllos en los que el espacio-tiempo está integrado en el propio saber. Dicho de otro modo, nadie pretende que lo que se sabe tenga validez fuera de dichas dimensiones. La consecuencia es que nunca se sabe sobre ese espacio-tiempo dado. El objeto del saber es "otra cosa".

En el caso de los saberes artísticos hay una enorme dificultad de sistematización; obedece a que los saberes artísticos tienen una vocación de universalización, una ambición de totalización cósmica que está siempre lastrada por las limitaciones inherentes al ser humano. A modo de orientación -habría mucho que pulir- sirva el esquema siguiente:

a) Dos oposiciones dentro-cero.- Cuando la expresión artística se encarna desde un espacio interno a sí misma y carece de tiempo, tenemos la escultura.

Por contra, si el interno es el tiempo y el inexistente el espacio, nos encontramos con la música.

b) Dos oposiciones dentro-fuera.- ¿Espacio interno y tiempo externo? La arquitectura encaja en esta referencia, igual que en sentido opuesto -espacio externo y tiempo interno- nos aparece la danza.

c) Dos oposiciones fuera-cero.- La literatura necesita un tiempo externo, un tiempo que le proporcione la posibilidad de plasmar el transcurrir de la novela, la poesía... o lo que sea. No se necesita espacio para nada, espacio que si necesita la pintura, que le ocurre al revés.

A pesar de que era inexcusable detenerse mínimamente en esto, lo que aquí reclama verdaderamente nuestra atención es el campo tercero, el de los saberes científicos: ¿cuales son sus características? Saberes científicos on los que se quedan fuera del esquema espacio-temporal. Precisamente por eso, al quedarse fuera lo que hacen es aportarnos datos sobre él, y como el espacio y el tiempo son quienes aportan la dimensión cuantitativa al conocimiento, la ciencia, por naturaleza, es el saber cuantitativo por excelencia: es el saber de la medida, los datos, los registros (mejor cuanto más cerrado sea el código que se emplee), etc.

Ahora bien -y por fin volvemos al inicio de esta larga disgresión- si Lobatchewsky no admite el postulado V de Euclides (que es más que válido en nuestra experiencia cotidiana) la liebre filosófica que está levantando es, como adelantábamos, la cualificación del espacio-tiempo.

¿Qué llama la atención desde Hegel y Lobatchewsky hasta hoy? Muchas cosas, claro, pero especialmente:

1) Que la filosofía no ha sabido estar a la altura de las circunstancias, en el sentido que no ha sabido, o no ha podido, mantenerse como centro de reflexión, mantenerse como saber de totalidad, de tal modo que de una forma... se puede decir que casi completa, el pensamiento puntero es elaborado por personas (en origen) ajenas a la filosofía:

  • Un economista como Marx.
  • Médicos como Freud o Jaspers.
  • Físicos como Einstein, Böhr o Heisenberg.
  • Matemáticos como Gödel.
  • Biólogos de distintas especialidades como Lorentz o Monod.
  • ...
¿Que dentro del gremio concreto de la filosofía hay gente que no desmerece como Sartre, Cassirer o nuestro García Morente? Sin duda. Pero es precisamente eso: se las apañan para estar a la altura de las circunstancias. ¿Que de una forma u otra, eso siempre ha sido así a lo largo de la historia? Sí y no. Sí, porque siempre ha habido gente trabajando en los distintos campos que atañen directamente al espíritu humano, y su trabajo, antes o después, si era válido, había que encajarlo en el conjunto del saber humano, esto es, pasaba a tener una importancia filosófica incuestionable y directa.

Pero "no" en el sentido de que la filosofía seguía perfectamente ese movimiento, era ella la que marcaba las líneas del campo de juego. Y en estos años no ha sido así. Sólo un dato: Los únicos sistemas dignos de tal nombre que han logrado pasar a los manuales escolares en esta época (cf. el número de páginas que ocupan cada uno) son, en primer lugar, el Marxismo, y después de muchos años, el existencialismo (lo de minúscula no es un descuido, es un juicio de valor en cuanto sistema filosófico).

2) ¿Que quizá todo esto se deba a que durante este período la información ha crecido exponencialmente? ¡Pues muy bien! Pero si eso es así, he aquí una materia de reflexión pedagógica capital. Y está claro que la solución tiene que depender de los términos en que se plantea el problema: lo que hay que hacer no es dar información a mansalva (porque no hay hijo de madre capaz de controlar la ingente cantidad de ella que se produce) sino enseñar a localizarla, para que en el momento en que la necesitemos seamos capaces de acceder a ella.

¿Problemas a solucionar? Todos. Ejemplo básico: las tribulaciones que existen en la actualidad con la enseñanza de la lengua propia, a todos los niveles y por todos lados, tribulaciones que comienzan en la ortografía más básica y siguen por la torpe expresión de pensamientos y sentimientos supuestamente propios6, termina en el más torpe y dogmático manejo del razonamiento que imaginarse pueda. Por supuesto, la mente puede conocer por otras vías, pero discurrir se hace con conceptos que previamente han sido fijados en palabras.

¿Qué no está claro? Nítido: lo que aquí se juega es la posibilidad de comunicación o, en otros términos, la posibilidad de que pasado mañana existan personas con la vulgarmente llamada "inteligencia normal", por usar una expresión coloquial.

Tal vez esto suene a melodrama, pero no hay tal: en la comunicación actua y se desarrolla el pensamiento. Eso, incluso en un caso extremo como puede ser el del soliloquio a la búsqueda de sentido del personaje de Samuel Beckett en "La última cinta", que recita su vacuidad a un magnetofón.

Nuestros políticos y los que no son tan nuestros están cansados de decir SI a la necesidad "primordial y fundamental" de que todo el mundo sepa leer y escribir. De verdad, la diana del problema no está ahí. Se encuentra, exactamente, en el perfecto conocimiento de la lengua que se habla.

Así que, el hecho de que la nuestra sea una cultura letrada en modo alguno supone que el expediente quede cubierto por el hecho de que las personas sepan leer y escribir; falta algo importante: saber leer y escribir perfectamente, y eso no se acaba en el manejo mecánico de los signos lingüísticos. Quien quiera constatar lo que decimos no tiene mas que mirar hacia esa cantidad de culturas orales en las que las gentes no saben leer, pero que conocen su lengua, condición básica e inexcusable para ser miembro de la comunidad a todos los efectos.

Además, ni siquiera es necesario ponerse tan serio y trascendente. Sin salir de los hechos pragmáticos más prosaícos, nos encontramos con que una de las señas de identidad constante de cualquier gueto o hampa es una jerga característica. En el mismo sentido, cuando se desarrolla una nueva tecnología -bien reciente tenemos el caso de la informática- se desarrolla con ella un nuevo vocabulario que fija no simplemente los procesos, lo que es poco menos que obligado, sino también las nuevas ideas.

Hace años muchos españoles pudimos vivir una experiencia muy peculiar en este aspecto. El muñeco que oficiaba de maestro de ceremonias en el espectáculo de las "Marionetas de Obraszov", de gira por nuestro país, utilizaba con total exactitud el lenguaje que en aquel momento se escuchaba en la calle: producia un impacto rayano en el desconcierto que un miembro de una compañía "teatral" y "extranjera", que además era una "marioneta", todos ellos elementos contextualizantes que marcan distancia, se dirigiesen a uno en los mismos términos que lo podía hacer el vecino de enfrente o el compañero de trabajo. Pero sigamos donde estábamos (ya que nos tocará volver sobre estas cuestiones cuando el texto de Bachelard aluda a los formalismos).

Al retornar a la literalidad del texto encontramos: La dialéctica hegeliana nos coloca, en efecto, ante una dialéctica a priori, ante una dialéctica en donde la libertad de espíritu está demasiado incondicionada, demasiado desértica. (Hemos saltado lo de la tentación porque es obvio que la dialéctica es una herramienta espiritual que no está ligada específicamente a la doctrina filosófica de un señor concreto, por mucho y bien que dicho señor haya utilizado dicha herramienta).

1) A priori se usa en filosofía como término técnico; además, es una expresión muy utilizada en el lenguaje coloquial. En el primer caso significa "independientemente de la experiencia". Por contra, en sentido coloquial significa "de antemano". Aquí está utilizado en el primer sentido, que es mucho más largo -perdón por el símil taurino- que el otro.

2) Esta dialéctica es demasiado a priori porque no puede negar de quién es hija, y como buena hija, trata de jugar un papel absoluto, trata de jugar a "mamá": ¿que el ser es? ¡Pues el devenir deviene! Es una mera cuestión de ajuste referencial: cambiar parámetros estáticos por parámetros dinámicos.

Y sigue libertad de espíritu. Otra pequeña "broma".

Espíritu... ¿qué quiere decir en este contexto? Siempre que a uno le toca responder y nota que no está a la altura de la pregunta siente una cierta sensación de fastidio... y este caso no es la excepción: el término "espíritu" tiene tanto peso, tiene tras sí la inmensa historia que tiene, que si uno pretende "atarle corto", sinceramente, no tiene más recurso que recurrir a la persona que lo utiliza, al texto en que se emplea.

Así que, aunque sea hacer una pequeña trampa, seguimos, con la esperanza de que al terminar el texto podamos volver sobre él con algún "algo" que merezca la pena.

Pero entonces, ¿qué hacemos con "libertad"? Si, de un modo vago, consideramos "espíritu" como el principio vital que de alguna manera permite al individuo ser lo que es, podemos estimar "libertad" (la continuación del texto así nos lo sugiere) como aquella acción en la que el espíritu traspasa los condicionamientos vitales del individuo -los corporales, en principio, ya son determinantes- y se muestra en condiciones de ser sujeto activo de esta dialéctica del conocimiento que nos ocupa. De ahí el muy expresivo uso del término desértico: y se trata de conocimiento, esto es, de una relación sujeto-objeto, de alguna forma, más o menos exacta, más o menos... lo que queramos, es "Conditio Sine Qua Non" disponer de dichos sujeto y objeto, aunque no estén perfectamente definidos o inequívocamente ubicados: basta con que -eso sí, inequívocamente- sean capaces de actuar.

Y ¡ojo!, que en ese proceso dialéctico precisamente, sujeto y objeto se perfilan, se dibujan, se hacen lo que verdaderamente son. Es la paradoja de la experiencia que se tiene como "a priori" a sí misma7 (y aquí damos un saltito hasta el subrayado): Sociedad, ¿por qué sociedad? Porque uno solo es incapaz de pensar, de sentir. Se han hecho experimentos de eliminación sensorial: voluntarios tumbados sobre un material tan neutro y poco consistente como fuera posible, tapados ojos y oídos, con las yemas de los dedos envueltas, sin olores en el entorno... lo que sobre el papel debería ser el colmo de la distensión y, en todo caso, de imaginar algo siempre pensaría uno en "aburrimiento" o similar, se hacía inaguantable al poco rato.

En relación, concretamente, con el sonido, apareció en la prensa una entrevista con John Cage de lo más instructiva. A ella pertenece...

R.- Yo había estado en una cámara anecoica, que es una habitación tecnológicamente preparada para el silencio, en la que no se oye ningún ruido, y que se usa para probar distintos tipos de aparatos. Y en aquella habitación, donde yo esperaba no oír nada, oí dos sonidos. Cuando salí, le dije al encargado de la cámara: "Debe haber algo estropeado, se oyen dos sonidos". El me dijo: "Descríbamelos". Y le describí el más alto, y me respondió: "Eso era su sistema nervioso en funcionamiento". Entonces le dije que el otro era un sonido bajo, y él me contestó: "Eso era su sangre circulando". Así descubrí que constantemente estoy produciendo dos sonidos sin querer. Por tanto, desde aquella ocasión (4' 33''"), mi música ha ido en la dirección de la no intención, en la que yo mismo vivo.
P.- Entonces, aquella obra no pretendía ser una composición de silencio, sino...
R.- (Interrumpiéndome). El silencio no existe8.

No hace falta insistir más en la falta de vida. La vida es la determinación llevada a su extremo: la hoja de papel que lleva escrita esta frase es esta hoja de papel. Idéntica frase puede ir en otra hoja de papel, pero será otra hoja, las mismas palabras usadas de nuevo... Si llueve y uno camina en la zona en que finaliza la proyección de la nube (el agua), uno puede mojarse o no; es cuestión de un paso adelante, o atrás. Y así todo: mi camisa tiene el uso que tiene y está en el estado en que está, etc.

Entonces, cuanto más "incondicionada y desértica"9 sea esa dialéctica, es claro que carecerá de vida porque ese afán de pureza lo que hace, precisamente, es alejarle de ella.

Y volvemos a lo que habíamos dejado.

Moral y Política son los dos saberes que se ocupan del hombre como animal social; el primero se centra básicamente en la dimensión individual; el segundo, por contra, lo hace en la colectiva. Bien.

Obviamente, una dialéctica así no le vale al hombre en lo particular porque, el aquí y ahora de todos los días es aquella máxima determinación que destacaba sola; algo más útil puede ser en el aspecto general, el político, ya que para generalizar es obligado perder precisión, perder esos condicionantes rotundamente concretos. Pero incluso en ese caso, valdrá si no pierde demasiados, si no se queda en un mero canal dinámico de tantísima anchura que nada se pueda acoplar a su "ancho de vía".

"Renacientes" muestra la otra cara de la moneda del detalle: Ayer tenía tres pelos que hoy se me han caído; la línea de autobús que pasaba por aquí la han desviado por la calle de arriba; en pleno invierno el sol no ilumina el patio hasta al menos las once, pero en verano antes de las nueve...

Y es que esa máxima determinación de la vida corresponde a una máxima apertura, desde donde se entiende maravillosamente la ambición por la determinación en la historia de la ciencia y que, como todo el mundo dice, nunca podrá ser cerrada; la cuestión desatada al terminar el Antiguo Régimen y a la que anteriormente aludíamos podía ser reformulada en los términos de este párrafo como que es necesario apretar más el tornillo de la cantidad para que ese mismo tornillo sujete también la cualidad.

Claro, conciso y bonito -bien dicho-: todo eso es lo que afirma la frase que termina en contingente.

¿Que azar e historia son términos con demasiada envergadura y que pasar así de lindamente sobre ellos es una frivolidad? Quizá sí, pero aquí son contextuales, se limitan a ubicar. Con otras palabras, el discurso de Bachelard -y por tanto el nuestro- se ocupa del hombre en situación que conoce. El énfasis está puesto en el conocer. Así, "azar" e "historia" aquí se limitan a hacer referencia a dos modos de situación distintos (y la influencia de los modos de situación en el conocimiento sería otro trabajo, que complementaría y enriquecería éste, pero que no es éste).

Nociones fundamentales... se sobreentiende que del conocimiento. ¿Completarlas? Si son fundamentales, ¿para qué hay que completarlas? ¿No sería mejor hablar de "descubrir las posibilidades propias de apertura perenne"? De acuerdo; pero es decir lo mismo. Es explicitar la concisa fórmula literal del texto.

Pasamos por alto movilidad esencial y efervescencia psíquica porque tendríamos que repetir lo anterior. Sin embargo, no podemos obviar alegría: es uno de esos términos que no pueden pasar inadvertidos; puede aparecer en el contexto que fuere, pero su fuerza siempre nos hace reparar en él.

En el lugar en que aquí va, nos suscita una cuestión ciertamente comprometida: ¿Es que la historia del pensamiento se divide en historia del espíritu triste (hasta el cambio de rumbo que nos ocupa) y alegre (a partir de él)? Desde luego que no. ¿Por qué? Porque el espíritu humano, desde que es tal, ha creado, y no hay modo de que la creación no implique alegría.10

¿Entonces?

Alegría espiritual alude aquí a las implicaciones de esta nueva actitud: el espíritu va a seguir haciendo lo que siempre hizo y para lo que, en definitiva, nació. Lo que ocurre es que a partir de ahora no estará obligado a buscar su fuente de inspiración en la trascendencia -aquí tanto da que la consideremos en su acepción popular o en la técnica- sino que, a partir de ahora, no es obligatoria esa fuente. Es Paul Dirac, hablando de la belleza matemática como artículo de fe, quien escribe:

...la cosmología. Aquí hay muy pocos hechos sólidos en que podamos fundarnos, pero los teóricos han estado muy ocupados construyendo varios modelos del universo, basados en suposiciones que ellos imaginaron. Probablemente todos estos modelos sean errados. Suele suponerse que las leyes de la naturaleza fueron siempre las mismas que vemos hoy. No hay ninguna justificación para suponerlo así. Las leyes pueden ser cambiantes y en particular las cantidades que se consideran constantes de la naturaleza pueden variar con el tiempo cosmológico. Semejantes variaciones desconcertarían por completo a los constructores de modelos. A medida que aumentan los conocimientos sobre una cuestión y cuando tiene uno mayor base de apoyo para trabajar puede enderezarse cada vez más hacia el procedimiento matemático. En esta situación existe una motivación subyacente de aspirar a la belleza matemática. Los físicos teóricos aceptan la necesidad de la belleza matemática como un acto de fe. No hay ninguna razón obligatoria de que así sea, pero en el pasado la belleza fue un objetivo muy provechoso. Por ejemplo, la principal razón de que la teoría de la relatividad esté universalmente aceptada es su belleza matemática.

¿Cosas de "ellos"? En absoluto. Final de la misma conferencia, pocas páginas más adelante:

La meta última consiste en obtener adecuadas ecuaciones iniciales de las cuales pueda deducirse toda la física atómica. Todavía distamos mucho de esa meta. Una manera de acercarnos a ella es perfeccionar primero la teoría de la física de baja energía, que es la electromecánica cuántica, y luego tratar de extenderla a energías cada vez más elevadas. No obstante, la actual electrodinámica cuántica no se ajusta a la elevada norma de la belleza matemática que cabría esperar de una teoría física fundamental, y esta circunstancia nos lleva a sospechar que todavía hace falta una drástica alteración de las ideas básicas.11

Así que, la lucha por la belleza está en la propia lucha por el objetivo; se trata de un "toque superfluo" en cuanto al pragmatismo desnudo: la belleza aparece cuando los medios que se emplean son económicos, lo cual -al tiempo- implica que el instrumental empleado es claro (es precisamente ese y no otro) y las maniobras que con él se realizan son sencillas.

Si ponemos en conexión estas ideas con las que ya examinamos sobre el presente poco después del inicio de este capítulo, encontramos una serie de matices enriquecedores: ¿Qué pasa si al "presente" del que entonces hablábamos le añadimos el concepto de "claridad" entendido en los términos en que aquí nos hemos referido a él? No parece que fuese más que un cambio de matiz: supondría enfatizar el perfecto engranaje del sujeto con la vivencia, desde los aspectos más púramente mecánicos -responder adecuadamente a los estímulos atmosféricos, p.e.- hasta las más ajustadas evaluaciones de aspectos intangibles: la hermosura de la música que se escucha.

Estos aspectos intangibles, eventualmente podrían - ¿por qué no?- ir acompañados de informaciones que los enriquezcan y redimensionen: es una composición de Beethoven, el "Kyrie" de la "Missa Solemnis", y es una grabación de H. von Karajan al frente de... etc. Pero entendremos que no habría que ponerse excesivamente "serio" ante todo esto (hay un riesgo manifiesto de hacer el "culto con precisiones", identificación inequícova del pedante); si tendría sentido, por contra, si nos lo tomamos como posible camino hacia la "vida bella", la del niño que todavía no anda, que observa su circunstancia, que se embebe con los cinco sentidos en la acción, que llega a una solución tan rápida como es posible si se trata de eso, o en el caso opuesto prolonga la acción al infinito sin dar señales de cansancio o aburrimiento. ¡De cuanta ayuda nos sería para todo la reconquista de las cualidades infantiles!

Naturalmente, no es únicamente Dirac quien dirige sus tiros en esa dirección; un segundo caballero A. Louch, lo dice de otra forma, quizá más expresiva y dramática:

Todo método científico, toda elección de un determinado proceso metodológico sobre otro proceso metodológico ya disponible, es una elección moral y no científica12.

Esa alegría espiritual es romper los esquemas allá donde los haya. Por ejemplo, la obra de John Cage a que se aludía en la entrevista, 4' 33", debe ser tan "pianissimo" que la escuche únicamente su ejecutante. Otro ejemplo es que Marcel Duchamp eleve a objetos artísticos un perchero o un urinario de loza vulgar (las irónicas consecuencias, claro, son que esos objetos multiplican su precio por nadie sabe cuánto).

¿Que, por otro lado, esa actividad implica un aumento en la responsabilidad13 del individuo? Por supuesto. Y eso, desgraciadamente, hay muchos que parecen olvidarlo, pero...

Si la alegría está asociada a la actividad de la razón, por fuerza tiene que ser algo distinto de ella; y es que la razón, efectivamente, abandona sus serios trajes grises de toda la vida para utilizar un vestuario más... "sport"14.

La diferencia específica -el celebérrimo "racional"- es lo que decimos que hace al hombre lo que es; y si ese ser, lo que es, resulta que se trata... de no considerar ser a nada (y menos que nada a sí mismo) entonces, las implicaciones acarrean unas consecuencias difícilmente calculables:

1) Ese Ser, desde siempre perseguido por los filósofos y que, precisamente él, da a la filosofía su rasgo más peculiar y distintivo, es inalcanzable por el hombre, porque dicho Ser, suponiendo que efectivamente sea, es lo que el hombre no es. Así, condición "sine qua non" para que el hombre pudiera alcanzarlo es que dejase de ser lo que actualmente es.

2) Se podría objetar que todo esto se basa en esa "razón polémica" a la que se toma como punto absoluto, en contradicción con la mera contingencia en el tiempo de la que venimos hablando. Entonces, se contradeciría con la que se pretende homogeneidad de nuestro discurso.

A semejante objeción habría que contestar que no existe contradicción alguna porque ni Hegel ni Lobatchewsky inventan nada nuevo en el sentido de que no añaden a la razón nada que no tuviera. Su capital revolución consiste en poner de manifiesto una potencialidad que siempre había estado allí pero que nadie se había parado, primero a señalarla15; segundo, a echarla a rodar.

Cabría aun una segunda objeción: no tenemos garantía alguna de que mañana, pasado mañana o dentro del tiempo que sea, la razón no tome un nuevo giro y se acomode sobre algún aspecto que ahora esté o bien oculto, o bien menospreciado.

Evidentemente, no seremos nosotros quienes nos opongamos a semejante objeción, porque somos los primeros convencidos de que eso no sólo puede, sino que debe ser así. Por lo tanto, cuando eso se dé, simple y llanamente se habrá producido una revolución de orden cualitativo similar al que estamos hablando, que tendrá las peculiaridades que sean. Punto.

3) La filosofía tendrá que abandonar los carriles fijos por los que tradicionalmente se ha movido y deberá ahondar, profundizar, enriquecer las líneas dinámicas que ya existen hoy: el propio Gaston Bachelard o María Zambrano son, para nosotros, los dos exponentes más claros de lo que aquí propugnamos. En líneas más especializadas se podían citar los nombres de Gilbert Durand o Henry Corbin; Konrad Lorentz y Henri Laborit... el grupo de Eranos en cuanto a labor colectiva; Niels Böhr, Werner Heisenberg y Albert Einstein; un personaje tan duro de roer y tan inclasificable como Julius Evola o el engañosamente clasificable Umberto Eco, etc.

Y que conste que la ubicación relativa al entorno de estos personajes no es nueva en la historia del pensamiento; la encontramos en Aristarco de Samos y su teoría heliocéntrica, o en Akenatón; tal vez (en menor grado) en Cristóbal Colón... lo que la historia nos dice a través de esos personajes es que, cuantas más implicaciones ontológicas tuviera el objetivo apuntado, más temor provocaba... y hacía abandonar el camino emprendido. Nuestros personajes no abandonaron y, en distintos términos, pasaron a la historia.

Aunque las dimensiones de esta cuestión son de muy distinto tipo, nos interesaría recalcar una en concreto: las posibilidad de que en esa actitud exista una confrontación expresa contra los hechos consumados. Desde luego, en nuestro discurso nos interesa la dimensión espiritual de esa actitud, y esa actitud queda perfectamente reflejada en el fragmento de María Zambrano que hemos recogido en los "Materiales de Construcción".

Sigamos con el texto: Polémica... ¿y humor como fundamentos de la libertad? A primera vista puede resultar chocante: "humor" y "polémica" están incluidos dentro del rango de las cosas de "andar por casa". Sin embargo, el valor de la libertad siempre ha sido indiscutido, siempre ha estado en lo más alto. Entonces, ¿cómo puede algo de rango inferior fundamentar algo de valor superior? Y ¡cuidado! porque, detrás de todo esto, está la razón, nuestra diferencia específica.

Busquemos el chirrido en el humor, que parece ser la base inferior de las dos bajas: ¿Erramos si decimos que la forma más elevada de humor es la paradoja? Seguramente no, porque para que exista humor tiene que haber un cierto salto en el discurso lógico, y la paradoja es el máximo salto ya que lo que quiere es mostrarnos en el mismo lado las dos caras de la moneda (dicho sea de paso, por eso la paradoja se presta tanto a la trampa; es la moneda cuyas dos caras son idénticas: "Si sale cara, yo gano. Si sale cruz, tú pierdes").

Por otro lado, la polémica es el discurso en confrontación; argumentación y contraargumentación a idéntico nivel.

La similitud de una y otra es obvia, y el objetivo que buscamos cae de su peso: si la moneda tiene dos caras innegables, si hay argumentos en uno y otro sentido, la razón se encuentra ante el hecho de que tiene que ser libre. Justamente ella, no tiene opción a elegir la falta de libertad. ¿Hace falta un fundamento de más envergadura que una condena inapelable?

La afirmación con la que termina el párrafo supone un compromiso del autor con las posiciones polémicas y humoristas: sabemos que el principio de contradicción, en su formulación aristotélica clásica, dice que es imposible que una cosa sea y no sea al mismo tiempo y bajo el mismo "respecto". Parece una evidencia no menos palmaria que el postulado V de Euclides: no puedo, a la vez, ser dueño de una calva espectacular y de unos hermosos cabellos, ni andar calzado y descalzo -¡pie a pie!-... ¿cómo demonios podemos encontrar componendas en eso? Quizás el texto siguiente ofrezca alguna pista.

notas

1 Pocos años después hay otra coincidencia de este tipo que mucha gente ha señalado: mientras un desconocido pintor llamado Pablo Picasso peleaba por conseguir un cuadro que la posteridad conocería como Les Demoiselles d'Avignon, un no menos desconocido oficinista de "Assecurazioni Generali" en Zurich, Albert Einstein, peleaba por conseguir un sistema físico coherente que después se hizo famoso como Teoría de la Relatividad". Ambos jugaban con cuatro dimensiones del espacio. Volver al texto

2 Lo de la esterilidad se enraiza aquí: el primitivo que recrea el "presente eterno" tiene conciencia, desde luego en sus términos, de la importancia de lo que está haciendo, mientras nosotros no.
Inconsciencia de este tipo hay mucha: el animismo de los dibujos animados de la televisión, por no entrar en sutilezas.
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3 G.W.F. Hegel, La Ciencia de la Lógica. Traducción de Augusta y Rodolfo Mondolfo; 5¦ ed. Ed. Solar. Buenos Aires, 1982. Volver al texto

4 La intención primera fue dar el índice completo, pero fue mejor renunciar a ello porque el resultado no era sino conseguir más lío visual con más de lo mismo: la Idea está presa de la génesis temporal, del juego tesis-antítesis.
Agradezco a Pepe Marín sus orientaciones "hegelianas" (uno de mis muchos pecados en cultura filosófica es el desconocimiento, más que mediano, de Hegel)
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5 Schopenhauer, el gran opositor a Hegel y al hegelianismo, nos ha legado como obra fundamental "El mundo como voluntad y representación". Para qué más (El subrayado de los tres términos es nuestro) Volver al texto

6 Magnífico asunto para un panfleto anarquista serio. Un caso concreto: lo primero que se han ocupado de acaparar las grandes multinacionales al caer sobre los antiguos paises comunistas han sido los medios de comunicación; a estas alturas, prensa, radio y televisión estan las manos "debidas".
Y es que todos debemos pensar y sentir lo mismo. Obviamente, lo que ellos digan (como tantas cosas en estas páginas, no se trata de nada original: está apuntado por Chomsky)
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7 Y ahí está el hermosísimo y a estas alturas casi clásico texto de Douglas R. Hofstadter, Gödel, Escher, Bach, un eterno y grácil bucle -Ed. Tusquets, col. Superínfimos, no 9. Barcelona, 1987- estudiando los bucles en el proceso de conocimiento, constatando como aparecen por todos lados. Volver al texto

8 "EL PAIS", 23-IX-1988, p. 36. Entrevista a John Cage, por Juan-Carlos Pérez Jiménez. Volver al texto

9 De nuevo, esto tiene mucho que ver -evidentemente- con todo el formalismo. Como antes, seguimos esperando la aparición de la alusión a él en el texto. Volver al texto

10 Aun en el caso de que esa creación sea negativa, o sea, destrucción -siempre que esa destrucción no implique una desviación patológica, ya que el hombre es el único ser de la naturaleza capaz de ello.
Seguramente, la plasmación más prestigiosa de esta idea es la célebre trinidad hindú de Brahma-Vishnú-Siva; este último, el destructor, precisamente, es el danzante (tiene una serie de complejas y precisas connotaciones míticas que aquí nos apartarían demasiado del camino)
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11 Dirac, Paul Adrian Maurice, "Métodos empleados en la física teórica", en La unificación de las fuerzas fundamentales, Barcelona, 1991. pp. 176-77/192. Volver al texto

12 Desgraciadamente, no hemos sido capaces de acceder al texto original. La referencia está tomada del artículo de A. Bharati, "Polarización conceptual en la antropología moderna", en Folia Humanística (1969), pp. 455-465.
En el antepenúltimo párrafo del texto, Bachelard contemplará esta cuestión en sus propios términos.
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13 En primer lugar, del sujeto para consigo mismo. Después, vienen otras responsabilidades. Volver al texto

14 Es un cambio que se puede observar incluso en la poesía; ¿hubieran entendido Homero o Virgilio, los "Cuadernos de Malte Laurids Brigge" de Rilke? ¡Cualquiera sabe! No obstante, si tuviéramos que apostar, lo haríamos por el NO. Volver al texto

15 La fascinación que durante algunos años sintió Occidente por el Budismo Zen, ¿no es esto mismo en otras palabras? Lo que ha sucedido es que los términos de dicha escuela resultan demasiado duros para los pragmáticos occidentales. Volver al texto


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