los ojos de Minerva |
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BACHELARDIANA
4.- Para eso es preciso, ... Tentativas sutiles.- Inmersos en nuestro propio funcionamiento racional como estamos, no podemos salirnos de él de buenas a primeras (entre otras cosas porque, hagamos lo que hagamos y nos pongamos como queramos, ese proceso de desrracionalización debe pasar forzosamente por la propia razón. La sutileza -el cuidado- con el que hay que llevar a cabo este proceso es obligada para que la razón no sufra daño alguno: no podemos romper el nexo con el mundo por las buenas sin correr un riesgo serio de caer en la locura; volvemos de esta forma a lo anteriormente apuntado: este proceso equivale a sustituir la lógica por algo desconocido. En ese sentido, "superlógica" es una denominación tan buena -o tan mala- como cualquier otra. Esto no supone -ni se trata- de negarle a la razón el pan y la sal ontológicos. De una u otra forma, necesitamos la inteligibilidad del mundo (que esa inteligibilidad proceda del propio mundo o de nuestra mente, es indiferente a efectos de la vida práctica). Por contra, de lo que se trata es de llevar a la razón a dudar de su obra, a que se reajuste de acuerdo a nuevos parámetros.1 El mejor método para eso -al fin y a la postre, la razón somos nosotros- es hacer que pierda pie, que dude de esa obra suya de la que siempre se ha sentido tan orgullosa: primero divide... ...después unifica... Pues bien, habría que conseguir que no llegase a la segunda parte de su actuación. ¿Cómo? Luchando por que sea consciente de lo que está haciendo, de sus hábitos, sus costumbres, manías... Es sólo entonces cuando las posibilidades revolucionarias que la razón encerraba sin saberlo empiezan a bullir. No obstante, el actuar así tiene una consecuencia inmediata: al perder pie ella, pierde pie todo. El "qué" se derrumba convertido en la más compleja de las salsas: intentamos concretizar algún componente y su "sustancia" se escapa; el color que pudiera tener está falseado por el líquido que lo envuelve; el propio líquido está compuesto por ingredientes desconocidos; del olor, mejor no hablar: es la suma de casi todos, pero ninguno en concreto... Turbulencia... agresividad... ¡buenos términos para definir ese estado! De este modo tendríamos a la razón donde parece que jamás estuvo, y haciendo lo contrario de lo que siempre hizo... ¡pero es que se trata, precisamente, de revelar -como en fotografía- la Realidad en lo que de más radical tiene! Otra cuestión es lo de "Suprarracionalismo". ¿Por qué supra y no sub? No hay duda que supra porque, con las premisas que nos traemos entre manos, lo que conseguiremos será un racionalismo de más vuelo, de mayor alcance, un racionalismo que, en definitiva, descubrirá más posibilidades al uso del pensamiento, lo potenciará. Y, dicho sea de paso, una vez que esas posibilidades se pongan en marcha, la estadística perderá mucho de su preeminencia. Quizás haya quien piense que hablar así es una peligrosa manera de meterse a profeta cuando da la casualidad que estamos en una época en la que se utilizan los ordenadores (¡ni más ni menos!) para simular turbulencias, caudales y demás. No sería nada descaminado pensar de este modo si no existiera un pequeño detalle: para realizar su labor, el ordenador parte de varias series de condiciones complejas, dos en el menor de los casos: el programa y los datos con los que el programa juega. Siempre contando con esas condiciones que jamás puede eludir, el ordenador realiza sus cálculos. Lo que aquí estamos planteando es precisamente lo contrario: la mente inmersa en esa actividad no sólo carece de unos supuestos de partida, sino que, en caso de que los hubiera, debería rechazarlos y destruirlos. En resumen, la propuesta es una apertura mental radical. Aún nos quedan dos cuestiones antes de que podamos cambiar de frase; una: el uso del impersonal; otra: el verbo fundar. El impersonal remite directamente a los tres niveles fundamentales del segundo párrafo (Cf. cap 3). No puede ser una tarea individual ya que, aunque es obvio que se inicia en el individuo, al actuar se encuentra con el "otro", que puede ser desde el tiempo atmosférico, tan incontrolable e impersonal desde ese nivel individual, hasta "semejantes" en gran variedad de grados: ¿tiene o no que ver conmigo? Si la respuesta es afirmativa, ¿de qué modo tiene que ver? ¿Me encuentro o no en relación jerárquica con él? Si la respuesta es afirmativa, ¿mi grado es inferior o superior al suyo? Si es ajeno a mí, ¿es macho o hembra? ¿Tiene una actitud amistosa u hostil? Etc, etc.2 Esos "otros yoes", no importa que sean personales o no, deberán unirse al nuestro: una vez más, aquí nos encontramos con algo paradójico, ya que esa unión no necesariamente debe ser entendida a la literal, ya que la acción de nuestro propio yo es no sólo fundamental, sino también decisiva. Si el esquema general no se ajusta a estos parámetros, estamos corriendo un riesgo más que serio de caer en la locura. Fundar es algo que chirría, que provoca una cierta incomodidad en este contexto. El chirrido se diluye bastante si nos damos cuenta de que, lo que aquí se trata de fundar, es una actitud mental, tanto -o tan poco- como eso. No obstante, en la frase siguiente nos topamos con esa doctrina que vuelve a alarmarnos, ¡y no poco!, dadas las connotaciones peyorativas del término. ¿No nos hemos metido en este berenjenal que, para ser lo que se supone que ha de ser, de ninguna manera ha de permitir que se le cuelgue el cartelito de "doctrinario"? Evidentemente, eso es así. ¿Entonces? Primera aclaración: Encontrar.- De momento, una doctrina que se encuentra no es una doctrina de las incluidas en ese sentido peyorativo; esas doctrinas son "importantes": se revelan, se enseñan, se discrepa vehementemente de ellas... es decir, que de una u otra manera, son cosas que parecen caer sobre el hombre desde un nivel superior: por eso son portadoras de artículos de fe, de normas, anatemizan a quien les hace frente, a quien las discute... Una doctrina que se "encuentra", más que con todo eso tiene que ver con una chapa de refresco tirada en el suelo. ¿Qué clase de doctrina es esa? Segunda aclaración.- El dato que el texto nos ofrece es que es una doctrina que no "saca pecho"... ¡fomenta los verbos en voz pasiva! ¿Por qué ser puesto en vez de "poner"? Es más, tampoco se trata de poner substantivo alguno, sino poner en relación. Así, el sentido de dicha doctrina queda descubierto: SUPRARRACIONALISMO-SUPERREALISMO. Al final, resulta que esa "doctrina" es mera referencia a un enriquecimiento operativo, índice extendido apuntando hacia nuevos modos de acción. ¡Pues vaya!3 De todos modos, todo esto nos aporta una idea que debemos retener: estamos habituados a leer en todo tipo de textos, desde divulgativos a sumamente sesudos, frases del tipo de: "...y entonces, la razón elabora los datos obtenidos mediante la sensibilidad"; estamos acostumbrados porque la historia de la filosofía occidental ha ido en esa línea. Pues bien, la propuesta es que, de aquí en adelante, ese superior nivel fabril de la razón desaparece: se trata de que sensibilidad y razón trabajen conjuntamente, al mismo nivel. ¿Ventajas e inconvenientes de esta actitud? Pérdida de capacidad cuantificativa y ganancia de poder cualificativo. ¿Pérdida considerable? Como siempre en estos casos, depende de la óptica con que se considere, pero desde un estricto punto de vista filosófico no parece que la pérdida sea dramática: la reflexión no tiene potencia cuantificativa frente a las ciencias y sus herramientas (¿o puede oponer algo medianamente comparable, por ejemplo, a la cantidad de decimales de þ de que hoy disponemos?). Experimentar, comprender, sentir... ¿seguro que esto está bien expresado? ¿Hasta qué punto seguirá siendo válido hablar de este modo? Según parece, entre los resultados de este suprarracionalismo está la abolición de esas distinciones y, así, lograr algo suma, nuevo, integrador. Desde luego, puede que todo ese hipotético despliegue sea así y, por añadidura, en el estado de la cuestión en modo alguno podemos defender la exactitud del lenguaje utilizado, hasta el momento tan usual; precisamente, si es sumamente inexacto, es porque dice: el lenguaje formalizado es preciso, pero se trata de eso, de formas sin contenido. En cuanto a la razón experimental, meramente habría que apuntar una pequeña cosa que, no obstante, es fuerte: que si todo esto aguanta porque está bien montado y no tiene grietas, esa razón habrá encontrado un lugar mucho mejor en el "experimento" que el que tuvo hasta ahora, un lugar menos aristocrático si se quiere (ya no será "la reina de la casa"), pero que la potenciará a niveles insospechados hasta el momento. ¿La alusión a Tzara? "Rêve experimental" es el primero de los trabajos recogidos en Grains et Issues, que apareció un año antes que el texto de Bachelard que estamos siguiendo. Traducimos la nota con la que Henry Béhar comenta dicho título:
Al igual que Zola había ambicionado aplicar a la novela los métodos de las ciencias experimentales, Tzara quiere dirigir un relato del sueño que sea una contribución al conocimiento [...] el sueño, es decir, el régimen no dirigido del pensamiento, se relaciona con una trama lógica que modifica su curso, y recíprocamente. El elemento lírico (de origen onírico) y el elemento lógico del relato se encuentran en relación dialéctica y producen el sueño vigilia como el árbol y el fruto. También se afirma la experimentación por la voluntad de liberar la narración de las escorias que produce el automatismo psíquico. En otros términos, el "sueño experimental" es una alternativa a la escritura automática predicada por André Bretón4. Para dar una mínima idea de lo que es el texto, copiamos sus últimas líneas:
...dans un monde où l'oubli absolu s'instaurera comme première règle de vie, quand l'inspiration et l'enchantement deviendront les objectifs en vue d'une innocence totale, la force emouvante de l'esprit en mouvement, comme la géométrie euclidienne, restreinte à l'explication de quelques sens de misère n'est plus opérante dès qu'on y introduit un système à plusieurs dimensions, démontrant par là la vanité de notre délire de fixation et les innombrables possibilités de changements, non pas du décor de la vie, mais du contenu spécifique des notions et des sentiments et les multiples glissements dont l'homme, ce désir en marche, sera l'objet assoiffé et infiniment transformable (p. 62) Susceptible se nos aparece como un ejemplo tremendamente gracioso del exquisito cuidado que los maestros del espíritu ponen en el uso del lenguaje. "Susceptible" está disimulando un interrogante tácito: ¿lo organizará o no? Evidentemente, al gran Bachelard no se le había pasado por alto esa integración a la que hace nada aludíamos. Y llegamos a la explicitación de tareas espirituales que se ven esbozadas en el desarrollo científico de nuestra época. Entre paréntesis, y para que sirva de referencia, damos el esquema de sus líneas maestras de desarrollo:
Además, antes de entrar en concreciones, detengámonos un momento en una generalidad: dialéctica interna/ dialéctica externa. 1o) División, que es necesaria como motor de la dialéctica (no hay dialéctica estática; si es dialéctica, es dinámica): la dialectización empieza con la pérdida del carácter monolítico de la razón, con su partición. ¿Y por qué? -habrá quien se pregunte-; ¿qué ganamos con esa división, con ese desmenuzar el gran bloque? ¿Acaso tenemos que olvidarnos de los bloques? Esas objeciones son pertinentes y agudas. La respuesta: tenemos que olvidarnos de los bloques, ya que esa razón dividida se dinamizará y dialectizará, y en ese proceso todo mojón no sólo carece de función, sino que además estorba... Miremos hacia atrás un momento, ¿qué encontramos? Que hasta ahora, ese funcionamiento monolítico de la razón ha actuado, precisamente, como referencia. Había sido, a todos los efectos, el garante psico-gnoseológico por excelencia: el silogismo en lógica; los órdenes en arquitectura; las escalas -siempre con su tónica- en música, etc. Esas y otras actividades semejantes le habían servido para armarse, para organizar su campo de acción. Pero si dialectizamos la razón, no crearíamos un tipo de orden distinto6, con lo que tampoco cabría cuestionarse si uno sería superior al otro o sencillamente diferente. Hay que insistir y remachar: la dinámica de la razón destroza el equilibrio referencial y promulga (¿en principio?) el "desorden". 2o) Interno-Externo.- Esa dialéctica, en dinámicas propias y distintas, afectará tanto al denominado "sujeto" como al llamado "objeto". Y no es un mero accidente de la escritura que el "interno" preceda al "externo", ya que la dialéctica arranca de la propia voluntad de la razón de lograr unos desarrollos imposibles para ella desde su monolitismo referencial. Sin la aceptación de ese arranque, el proceso se tornaría imposible. Pero ¡ojo!: eso no quiere decir que exista primero un proceso y luego otro, ni nada por el estilo. En esto la razón no cambia -si cambiara, dejaría de ser lo que es-: es integradora y totalizadora, entonces, esos dos movimientos dialécticos coexisten y se armonizan (nótese que los términos aquí utilizados no serían los que tipificarán y caracterizarán el proceso en propiedad, sino que estamos usando las referencias acostumbradas porque no los tenemos, no los hemos obtenido todavía). El "interno" en primer lugar quiere decir, meramente, que ese movimiento se da de dentro a fuera. De la dialéctica interferencia7 no podemos decir nada ahora, ya que ni siquiera estamos en sus comienzos, sino en la propuesta de su inicio: no admite teorización, sino trabajo y trabajo. Así que, antes de ponernos a ello, ignoramos en qué se plasmará finalmente. A eso se refiere el extraña que sigue: "extraña" porque no era algo vislumbrable desde nuestro entorno psico-gnoseológico, "extraña" por el efecto sorpresa que producirá en el sujeto cognoscente, tan aristotélico-galileano él; "extraña" porque nos invitará a conocer otros mundos, y cuando creamos que son los suyos y empecemos a tomar posesión, descubriremos otros, y luego otros, y después más, sin poder tomar tierra nunca. Y, en cierto modo, serán empirismos terribles, porque hasta ahora estábamos acostumbrados a que, dado que existía ese gran e inmutable mojón, bastaba con permanecer agarrados a él (o, en todo caso, no perderlo de vista): así, lográbamos, automáticamente, hacer girar el mundo alrededor nuestro. ¡Buen truco y mejor espejismo! Pero si el tantas veces mentado mojón desaparece en medio de la vorágine del transcurrir, si permanecemos agarrados a él, hemos convertido una referencia indiscutible en un salvavidas... que, de momento, y ante el panorama, ¡haremos bien en rezar para que no se diluya, se hunda, o...!8 1 Nótese que lo importante es la actividad, no la palabra "Razón" o el término que fuere. La labor a realizar es conseguir una coherencia del mundo tan larga y profunda como sea posible; no es, ni más ni menos, que mover -para poder observar las caras que hasta el momento han permanecido ocultas- esa imagen del "Cosmos" tan cara a nuestros clásicos. Volver al texto 2 En este contexto es muy fácil entender por qué la cuestión del "Otro" es canalla y escurridiza como ninguna: se trata del camino a la libertad -sin alternativa posible- y, sin embargo, seguirlo es empeñarnos en andar atados de pies y manos. Volver al texto
3 La reflexión filosófica ¿ha de llevarse a cabo sobre vocabulario técnico, riguroso y preciso como los componentes de una maquinaria de precisión o, por contra, teniendo como referente al léxico que utilizamos en la "vida corriente", con sus inexactitudes de todo tipo? Entendemos que sobre el primero siempre y cuando no implique sacrificar la "vida corriente". Puntualizamos esto porque puede que algún mal pensado haya visto en nuestras aclaraciones anteriores meros fuegos de artificio; por cierto, esto es lo que dicen de doctrina diccionarios de la lengua de uso habitual: 4 Tzara, Tristan: Grains et Issues, (Béhar, Henry; ed.). Garnier-Flammarion, 1981. Col. Broché, no 364. Volver al texto 5 Schröedinger, Erwin, "The Spirit of Science", en Papers from the Eranos Yearbooks, vol. I, pp. 327-328 (La traducción es nuestra) Volver al texto 6 Sería tan "contradictio in terminis" como aquellos dos dioses que la teología clásica utilizaba para demostrar la unidad de Dios: si hubiese dos dioses, tendrían que diferenciarse en algo, y el que tuviese esa cualidad o cualidades superiores sería Dios. En caso de que fueran idénticos, un Tercero tendría que resolver los conflictos de competencias entre ellos; Ese sería el verdadero Dios. Volver al texto 7 Esta tercera dialéctica se desarrolla, obviamente, en el plano de la eficacia, de los "resultados". Volver al texto 8 Las dos últimas líneas de este párrafo ("Tracemos rápidamente... etc.) tampoco aparecen en la edición castellana. No hemos hecho capítulo aparte como en el resto de los casos por ser un mero comentario incidental. Volver al texto |
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