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los ojos de Minerva

Racional / irracional: una frontera en constante movimiento


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BACHELARDIANA

Una Glosa (III)

Tourner alors le rationalisme du passé de l'esprit à l'avenir de l'esprit, du souvenir à la tentative, de l'élémentaire au complexe, du logique au surlogique, voilá des tâches indispensables à une révolution spirituelle. Entonces, girar el racionalismo desde el pasado del espíritu hacia el porvenir del espíritu, del recuerdo al intento, de lo elemental a lo complejo, de lo lógico a lo superlógico, serán tareas indispensables para una revolución espiritual.

3.- Entonces, ...

Este segundo párrafo1 ya nos plantea un primer problema capital: El racionalismo en el pasado del espíritu.

Tal como se ha entendido hasta ahora, y ahí está la historia de la filosofía occidental para testimoniarlo, la actitud racionalista es cosa del Pasado, y no porque nombres tan ilustres como Hegel o Descartes hayan tenido actitudes racionalistas, lo que no dejaría de ser una mera anécdota, sino porque que esos ilustres nombres, en su reflexionar racionalista, sustantivizan ese Pasado hasta hacerle merecer el apelativo de real al extremo de no dejar nada, absolutamente nada, a lo que se pueda aplicar ese calificativo, con esa propiedad, ni de lejos. El motivo es que el pasado FUE, y eso, ya, es inmutable, es el SER.

El problema está en lo que el hombre alcanza: el Ser es una entelequia y toda la referencia clara que tiene de él es ese "fue", más Ser, además, cuanto más perfecto y distante.

Y si nada a lo que alcanzamos es con propiedad (está, deviene, evoluciona, muta...), nostálgicos, echamos una mirada hacia atrás -la edad de oro de los mitos de origen-, despreciando todo aquello a lo que sí llegamos.

Y el problema ya no es sólo la memoria como tal, es que se trata de un hábito profundamente arraigado en una tradición cultural que resulta ser la nuestra.

De este modo, de lo que se trata es de dejar de mirar hacia atrás, de volver el espíritu hacia el porvenir... y eso, en modo alguno es una empresa nimia. Nada menos que el gran Platón intentó sacar las sombras a la luz, pero se resistieron hasta conseguir quedarse dentro de la caverna.

¿Por qué contraponer el recuerdo -nada que agregar a lo dicho respecto a la memoria- al intento?

Porque, precisamente, la vida es intento. Desde el menor de los niveles de laboratorio (la célula infectada que apenas es espacio y lucha por arrojar fuera a los invasores) al galanteo erótico/amoroso, la vida es intento. ¿De qué? Es lo de menos: donde no hay intento, no hay vida.

Lo apuntado sobre recuerdo e intento se traduce fácilmente a términos de elemental/complejo (no parece ser más que una traducción directa del plano psíquico al plano gnoseológico): lo elemental es anexionable al recuerdo porque ese FUE, en su monolítica inmovilidad, se presenta como un bloque compacto. ¡Naturalmente que el granito -por mentar una piedra- tiene vetas de color! ¡Y puntos brillantes de cuarzo! ¡Y puntos negros de mica! Pero el granito, el granito como tal, es todo eso y todo el resto de matices que queramos añadir ¡porque lo que no podemos olvidar nunca es que "granito" es algo más que una entrada del diccionario! Es una piedra, un determinado tipo de piedra, con todas las características que comparten las piedras más las peculiaridades que le son propias. Punto final.

Así, complejo es hacer crecer ese granito, hacerlo crecer ontológicamente: utilizarlo para la escultura o la construcción; escarbar un pedazo y hacer un cenicero; agarrar un guijarro y lanzarlo tan lejos como podamos; quizás, simplemente, detenerse a mirar con atención su color o pasar el dedo por su superficie para calibrar su textura (nótese que la línea directriz sigue siendo la vida; nada de eso está al alcance de difunto alguno)

¡Y faltaba el nivel lógico! El primer nivel, el psíquico, es el nivel individual, el de piel para adentro.

El segundo, el epistemológico, es el nivel de asimilación del mundo exterior, del objeto, así que, como es natural, es necesario un tercer nivel, el de ese mundo exterior del objeto (teóricamente, sin sujeto).

Las complicaciones en este tercer nivel son bastante terribles. ¿Qué es eso de "lógico"? Si ningún calificativo es inocuo, mucho menos uno que aparece cargado con valores de gran crédito... ¿qué intención tiene pues ése "lógico"?2

"Tratado de las operaciones del pensamiento" es la definición de "lógica" que da María Moliner.

En su Diccionario de Filosofía, José Ferrater Mora se extiende mucho más que su colega pero, justamente, detrás de las casi 20 páginas que ocupa dicha voz -explicación general, matizaciones de todo tipo, referencias, bibliografía- sigue "Lógica y Realidad". La mera existencia de dicha entrada nos pone sobre una buena pista de por donde encaminar nuestros tiros. Dice este autor:

...dividiremos la cuestión en dos aspectos, con frecuencia estrechamente relacionados entre sí. El primero puede enunciarse del modo siguiente: el problema de la aplicabilidad o no aplicabilidad de la lógica a lo real. El segundo puede formularse así: el problema de si la lógica implica o no una ontología.

Estas breves líneas explicitan inmejorablemente la cuestión, cuestión que desde aquí ni podemos ni debemos perseguir, porque para el objetivo de estas páginas basta con lo apuntado: detrás de la lógica -en último término- hay siempre una ambición por lo real (tácitamente ya estaba en la división de niveles de Bachelard): lo "real" es la totalización que resulta de sumar "lógica", "psique" y "episteme"; pero, ¿ eso no nos conduce directamente de vuelta al SER?

Algo empieza a oler a chamusquina, algo que desprende vahos de "artículo de fe", fe de la peor, de la beata. ¿Será esa beatería lo que tenemos que dejar atrás para llegar a ser "superlógicos"? Mucho nos sospechamos que, justo, de eso se trata... pero no adelantemos acontecimientos y sigamos con el texto.

El indispensable es claro; no hay sino que remitirse al "total" de la "suma" de hace dos párrafos.

Para terminar las líneas que nos ocupan queda revolución espiritual, expresión que, vistos los antecedentes, tampoco ofrece nada misterioso que sacar a la luz: revolución porque se trata de abandonar a su suerte nuestras viejas posiciones y sustituirlas por otras nuevas, impensadas, a las que no es exagerado calificar de sorprendentes porque, precisamente, de eso se trata, de lo contrario del "sillón", que es un mueble muy nocivo para la salud del espíritu3.

El espíritu necesita estar en revolución permanente para no convertirse en fantasma de sí mismo; y no olvidemos que la "fantasmagoría" -que por el hecho de serlo es patógena- puede alcanzar grados terribles, siendo, tal vez, el peor de ellos el que simboliza el célebre Conde "Drácula", porque deja sin sangre a su víctima, y la sangre es principio vital inmediato, insustituible: sin sangre, en efecto, uno queda convertido irremediablemente en fantasma.

notas

1 Por cierto: es uno de los que antes aludía. Desconozco por qué no está en la edición castellana. Volver al texto

2 Si la intención es buena o mala, que cada quien juzgue.
Lo que parece bastante claro es que aquí hay alguna primera clave, ya que el mundo exterior debe ser coherente en sí mismo, por lo menos ante nuestra visión, quedando entonces el "en sí" muy disminuido.
De otra manera, no habría modo de escapar al solipsismo y sería complicado hacerlo de la locura.
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3 Espíritu y no alma. Sin entrar en discusiones escolares, siempre larguísimas y que nos alejarían mucho de la ruta, entendemos que aquí el alma, en cuanto principio trascendental de la persona humana, precisamente por trascender las dimensiones concretas del "ser en el mundo" que es el hombre, no juega papel alguno en el desarrollo situacional que estamos comentando.
Todo lo contrario le ocurre al espíritu, que es el principio inmanente del ser humano en situación.
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