los ojos de Minerva |
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BACHELARDIANA
2.- Casi siempre, ... Empezamos con cierta "confusión", en la que, además, nos mantenemos con pertinacia. ¿Por qué la machacona falta de claridad en el ser humano? Si los animales en la selva, en un mundo tan sincera y abiertamente predador como el suyo, se empecinasen en la confusión con el ahinco con que nosotros lo hacemos, terminarían por devorarse unos a otros rápidamente. Pero es que nosotros somos muy sofisticados. Confundimos la acción decisiva de la razón -por cierto, ¿habíamos reparado alguna vez en que, contrariamente a lo que indica su forma de substantivo, un "razonamiento" es una acción? Seguramente por ahí vienen muchos de los líos- con el recurso monótono a las certidumbres de la memoria; ¡claro!, la acción frente a la pasión. El verbo frente al substantivo... Ya el "Tao Te King" subrayaba:
[El sabio] pospone su Yo, Si Lao-Tse tiene razón y ser sabio no consiste sino en la voluntad de "quedarse el último", poner todo nuestro afán en repetir una y otra vez las fijaciones de la memoria, el pasado, lo que ya no es y nosotros pretendemos que sea, parece el colmo del error. Al contemplar la memoria bajo una óptica gnoseológica observamos dos problemas fundamentales, problemas que, no obstante, no tienen su raiz en la dinámica cognitiva como tal: el primero es el de los "falsos recuerdos", esas certezas que tenemos algunas veces de haber conocido a fulanito, de haber estado ya en..., de haber dejado la cartera en el mueble del pasillo, y tantas otras cosas que jamás ocurrieron. El segundo problema es aun más curioso y complejo. Se le suele denominar "memoria histórica": con semejante denominación se alude a hechos de muy diverso tipo que coinciden en haber marcado el devenir posterior de una sociedad concreta, de una cultura determinada. Los calificativos de "curioso" y "complejo" vienen a cuento porque, cuando se estudian este tipo de hechos, solo en muy contadas ocasiones y, además, de pasada, se hace referencia al "efecto Guadiana" de aparición y desaparición que normalmente les acompaña: suelen tener períodos de "estancia" en el consciente; después pasar al inconsciente... Sobre todo, es excepcional que las épocas de sombra, las épocas en que el hecho concreto permanece en el inconsciente merezca la menor atención. Y esta claro que sería no sólo interesante, sino incluso capital, examinar estos periodos de "ajenidad", ver qué fuerzas producen el que el hecho vaya a la oscuridad, cuales le mantienen allí, etc. Así que, bien podemos alegar en nuestro descargo que la memoria no es un "traidor" cualquiera. Como el mejor de los publicistas, sabe darle a todo un toque de comodidad, de "calor de hogar": después de las once, sonarán las doce; y tras ellas la una, las dos... y así sucesivamente. ¡Es de locos el mero imaginar que las cosas puedan ser de otra manera! Además, su gran triunfo es la independencia: no depende ni de mí, ni de ti, ni del otro... Pero, ¿por qué no? ¿Por qué no hacer algún ejercicio de locura? ¿Qué pasaría si tras las cuatro viniesen las siete y tras ella las dos, las diez, la una?... De momento, lo que pasaría con un reloj así de loco es que tendríamos que estar atentos. ¡Casi nada! Lo que se hace muy raro (magnificamente escogido el ejemplo) es una afirmación como la de Dostoievski: La razón conoce solamente aquello que ha logrado aprender. Y se hace muy raro porque esa afirmación, tan razonable ella, está hecha por un jugador. Puede que la explicación esté en que semejante jugador era ludópata, y que su patología, precisamente, le impidiese Jugar... Hasta la última línea del párrafo no introduce Bachelard el término pensar, y este "pensar" no se puede apoyar en lo viejo, en la memoria. "Pensar", para ser digno de tal nombre, no puede usar muletas; este "pensar", en definitiva, es la cuestión que de una forma u otra siempre subyace a cualquier reflexión filosófica. 1 Lao-Tse, Tao Te King; cap. VII, p. 53. Traducido al alemán y comentado por Richard Wilhelm. Edición en castellano de Ed. Sirio, Málaga, 1989. Volver al texto |
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