los ojos de Minerva |
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BACHELARDIANA
¡He aquí la concordancia con Nietzsche que adelantábamos! La prisa de entonces se matiza con lo ahora expuesto: no perder el tiempo no quiere decir correr atolondradamente y sin cabeza; a todo lo que haya que hacer, hay que dedicarle el tiempo que sea preciso, preciso para hacerlo bien. El motivo está explicitado en la frase siguiente, la de dominios tan metafísicamente diferentes1: Precisamente por eso es necesario cambiar los esquemas estáticos por otros dinámicos, porque los esquemas históricos no consideran esa diversidad, además de que el desarrollo de los acontecimientos les ha llevado a un anquilosamiento y a no poder ya estar en condiciones de responder a los retos, cada día más potentes y complejos, que ante ellos se presentan. Tampoco hay que perder de vista la continuación de la frase: no se puede esperar darles coherencia por mera síntesis de contrarios; dicho en otras palabras: el método dialéctico que nos viene ocupando no es una varita mágica, "¡Abrete, Sésamo!", o panacea universal de tipo ninguno. Es una mera técnica, una herramienta que como labor urgente y principal tiene por misión sacar las cosas de sus anquilosados carriles y llevarlas a territorio virgen; hecho esto, entonces será el momento de empezar el auténtico trabajo fino y el papel que tenga la dialéctica en los procesos que entonces se desarrollen, ¿quién lo sabe? ¡Mucho hablar de "prisa" y resulta que somos nosotros quienes nos adelantamos al texto al que se supone que deberíamos seguir!: ¿Es necesario tratar de conseguir esa coherencia estática que correspondería a un sistema metafísico cerrado sobre sí mismo? se pregunta ahora; acabamos de ver que no. No obstante, además de la contestación, la pregunta requiere algún comentario. Lo requiere porque, con maestría insuperable, expresa en dos palabras la gran revolución de incalculables consecuencias que el texto encierra: la propuesta es CONSEGUIR UNA COHERENCIA ESPIRITUAL DINAMICA. En efecto; a lo largo de la historia de nuestra cultura, todo lo concerniente a la coherencia debía ser encerrado en unos marcos de referencia que, como tales marcos, eran estáticos. Y no sólo en la nuestra sino que, en la inmensa mayoría de las otras culturas, cada una en sus términos y con sus características peculiares, se han dado procesos similares2. Pues bien, de lo que se trata es de acabar, y eso sí que de una vez por todas, con esa tendencia humana tan extraordinariamente generalizada, sin pararse en barras en el tamaño, la cantidad o la cualidad de las revoluciones de todo tipo que implique. Por destacar un aspecto a modo de ejemplo, podemos fijarnos en el hecho religioso, que tanta importancia ha tenido en el mantenimiento y defensa de este marco de coherencia estática. Lo resaltable aquí sería que el cambio de óptica propuesto en nuestro discurso supondría una carga de profundidad contra el hecho religioso que es historia, pero no contra la vivencia religiosa, ya que la implicación directa a él concerniente sería contemplar al Supremo Ser Creador desde una posición de dignidad en lugar de la de sumisión y/o indignidad acostumbradas. Las consecuencias serían de muy diverso tipo; una, tremendamente inmediata y práctica, sería la de dejar de hacer salvajadas con nuestro prójimo porque "Dios está con nosotros": un Dios con el que mantuviésemos una relación de dignidad, no podría admitir hechos semejantes; nos indicaría, de manera inequívoca, que nuestras facturas son cosa nuestra y en modo alguno de él. Esta claro, ¿no? Sigamos. Regulación... todo lo que esté regulado es porque está ajustado a una ley, con lo que nos reaparece en términos nuevos el problema de dinamismo-estatismo. Si eso es así, semejante regulación parece contraria a todo derecho. Sin embargo, no lo es. Demasiado frecuentemente olvidamos que la ley no antecede a los hechos, sino que es su consiguiente. Y conservando este sentido debemos saltar del derecho a la física, ya que la ley de la que aquí se habla tiene mucho más que ver con la termodinámica que con el Código Civil. Dicho en términos menos esotéricos: no se trata de imponer ninguna legislación a la irracional realidad, sino de constatar si su modo de expresión tiene sentido, coherencia. Si es así: 1) La coherencia, al ser para nosotros, debe ser algo que esté en nosotros, algo que tenga poder de traducción... 2) de esa expresión de la realidad que para nada nos tiene en cuenta a no ser para reequilibrar las perturbaciones que producimos en ella con nuestra conducta e inquisición. ¿Cuál puede ser el nexo gnoseológico que pretendemos? No somos capaces de pensar más que en una única posibilidad que cumpla las condiciones pedidas: la apertura de la consciencia, la conciencia que se deja inundar por esa irracional realidad y que al cuestionar sus imágenes va encontrando las conexiones entre ellas, conexiones que, incluso en lo que de cuantificable pudieran tener, nos hablarán siempre de la cualidad de los objetos de conocimiento, con lo que tenemos la traducción específica al campo de la ciencia de la revolución propuesta. ¿Y no tendría esto un cierto olorcillo a involución? Si se quiere ser literalista, podemos calificar el giro así; pero si se trata de buscar un arma arrojadiza para la hora de hacer juicios de valor, no podríamos estar de acuerdo nunca, ya que sería tanto como admitir que la Historia de la Ciencia, en cuanto a lo que de historia del espíritu humano tiene, es la historia de un fracaso continuado.3 Para nosotros, es algo similar a la explicación de aquel maestro zen a su interlocutor... Para alguien que no sabe nada de zen, las aguas son aguas y las montañas, montañas. Para un estudiante de zen, ni las aguas son aguas ni las montañas, montañas. Pero, para alguien que ha comprendido la última verdad del zen, las aguas son aguas y las montañas, montañas. De este modo, la ciencia que volviese a unas actitudes semejantes a las de los presocráticos sería una ciencia mucho más rica e integradora, una ciencia que sustituiría los papeles clásicos del mito y de las potencias ontológicas por consciencia integradora. Dejar las orillas de lo real inmediato dice la frase siguiente del texto. En un primer momento, podría parecer que una afirmación así está en contradicción con lo que venimos diciendo, pero no hay tal. Se trata, una vez más, de que para expresarnos estamos mediatizados por las palabras, que son herramientas que se afinan con el uso (y que con la utilización excesiva -"muletillismo"- se mellan). Y aquí estamos ocupándonos de experiencias nuevas, de revoluciones que están sin hacer; y claro, entre las cosas que hay que hacer es formar el vocabulario, encontrar las palabras adecuadas, las expresiones que caractericen sin equívocos esas vivencias nuevas. En este caso concreto, el problema está en ese "inmediato", que resulta ambiguo: la realidad inmediata de la que hasta ahora se ocupaba la ciencia era, ciertamente, la realidad más próxima, la del entorno; pero se trataba de una realidad mediatizada por el "a priori" de la razón. Estamos pretendiendo que ese filtro pierda su protagonismo. Bien. Entonces, esa realidad, por un lado, será mucho más inmediata porque, al llegarnos en un estado más puro, podrá expresarse mejor. Por otro lado, esa realidad será mucho más mediata en el sentido de que nos habremos quedado sin filtro que cribe, de tal manera que las interferencias podrán surgir de cualquier lado. Así, nos encontraremos ante una nueva "óptica", de la que tendremos que aprehender la perspectiva, saber distinguir los distintos planos de ese magma al que hemos denominado realidad irracional. Como este es un punto primordial a la hora de la claridad del trabajo, y si no se entiende bien se puede afirmar sin temor a error que todas estas páginas son un fracaso, vamos a insistir sobre el mismo con distintas formulaciones. "Nada es completamente cierto; tampoco esto es completamente cierto": esta famosa sentencia escéptica nos sirve como primera formulación; no obstante, tiene un aspecto que debemos volver del revés (como si de un bolsillo se tratara)... Se trata del tradicional "estado de ánimo" escéptico: lo que aquí se propone está en las antípodas de la desesperanza y el pesimismo que suelen reinar en el escéptico de ley. El motivo, naturalmente, está en que la imposibilidad de alcanzar la certeza él la consideraba como una limitación dificilmente sufrible, mientras que en nuestra óptica esa imposibilidad es un, ¿se le puede llamar "logro"?, ya que, en definitiva, esa certeza en el conocimiento que se ambicionaba tener, que se pretendía tener, nos hemos percatado que no provenía de las cosas, sino que éramos nosotros quienes la poníamos en ellas. La segunda formulación la vamos a tomar del propio Bachelard, pero a través de una cita de Gilbert Durand: Les images les plus belles sont souvent les foyers d'ambivalence.4 La razón de hacer la referencia así es porque el contexto de la cita tiene su interés. Se trata, concretamente, de dos cuestiones: 1) El índice.- En el exhaustivo índice analítico de la obra, el anuncio de que se va a ocupar de nuestro autor es: "Matérialisme élémentaire de Bachelard". 2) El propio contexto de la cita, que pone de relieve como se trata de la confesión de un fracaso: ¿qué pasa con esa totalidad que se nos escurre de las manos como agua entre los dedos? Así que podemos retomar sin empacho la formulación anterior y asegurar que no hay certeza que valga; que las palabras son meras herramientas que hay que utilizar con la mayor destreza posible, no "abretesésamos" fastuosos ni salvoconductos increíbles que nos franquean lindamente no importa qué puerta que nos encontremos a la vera del camino. Suponemos que no es necesario insistir más, así que pasamos a todas esas cuestiones surgidas de una voluntad de monotonía espiritual de la que debemos desembarazarnos. Desembarazarnos, repetimos, no sustituirlas por otras, más agudas, más acertadas... o más lo que sea. Porque, por cualquier otra que las podamos sustituir, serán del mismo tipo (en el sentido de que por el hecho de estar ahí nos crearán idénticos problemas) y estaríamos en las mismas. Por eso, la única sustitución válida son los ojos bien abiertos. Identificación nos remite, de nuevo, a la envergadura de la revolución propuesta: la identificación es el proceso "sine qua non" para la existencia de las ecuaciones, desde la simple identidad y = x, hasta tan complejas como queramos. Pues bien; las matemáticas son hoy el modelo de saber científico, y lo dicho nos llevaría directamente a unas matemáticas que no se basarían en la ecuación. ¿Qué matemáticas serían éstas? De momento, no podemos sino suscitar la pregunta, ya que no tenemos respuesta alguna: la única respuesta válida la darán los hechos, y los hechos aún no han llegado5. Saltar sobre ideal se debe a que, tras lo dicho, hay que escribir mucho menos de él: todavía no se ha inventado ideal que, de algún modo, no lleve consigo un ansia de certeza óntico-gnoseológica6; dicho de otro modo: la certeza óntico-gnoseológica tan fuerte de la que el desintegrado hombre contemporáneo tiene necesidad es inútil buscarla en la matemática, porque a estas alturas la paradoja de la matemática es más que sabida: es la ciencia que no sabe lo que dice, aunque lo que diga sea verdad, y la certeza de la que tiene necesidad el hombre, como hecho psíquico que es, necesita tanto del ser como del conocimiento y la verdad. En el momento que uno de ellos quede fuera, esa certeza no se alcanza. Dice el texto que al abandonar el afán por la quietud el movimiento se apodera de todo. Conforme está explicado, da la impresión de un dique que se rompe: no hay que buscar nada, ni conseguir poner en marcha... todo estaba ahí; al romperse la represa el movimiento lo inunda todo: al racionalismo cerrado sucede el racionalismo abierto. Hablando "racionalmente", en todo esto hay algo que resulta un tanto molesto: ¿porqué denominar esa tremenda revolución "Racionalismo Abierto"? ¿Es suficiente para describirla un mero cambio en el calificativo mientras seguimos conservando el sustantivo? Esto viene a cuento porque a nosotros, desde luego, nos ha provocado un cierto sentimiento de incomodidad; puede que, una vez más, no se trate sino que de la cuestión terminológica a la que hemos hecho referencia: el vocabulario está aquí sin hacer y, por tanto, sin decantar. "Racionalismo" es un término de muchísimo peso en nuestra tradición cultural, y ante esa historia, ese prestigio, a nosotros se nos hace insuficiente una mera oposición de adjetivos como expresión del nuevo estado de cosas; ya se nos hacía un tanto corto el Suprarracionalismo del título, suponiendo la apertura de frente que supone y teniendo la fuerza que tiene... ¿necesidades expresivas del contexto? Está claro que la carga sémica de los términos está muy bien contrabalanceada para conseguir impulso hacia adelante, pero, desde luego, ni mucho menos hay que descartar que seamos nosotros los equivocados, ya que aquí tenemos que confesar, todos, que nuestra garantía es tan pequeña como la sensación propia. De todos modos, vamos a tratar de darle algo de enjundia a esa sensación. Los argumentos que hemos encontrado en el propio texto son los siguientes: 1o) Razón felizmente inacabada: si estuviera acabada no habría modo alguno de que la irracional realidad se mostrara tal cual es. "Feliz" porque ese inacabamiento es lo que permite el mostrarse. 2o) Adormilarse en una tradición: el sueño se apodera de nosotros cuando el entorno, por multitud de motivos -cansancio, aburrimiento, incomprensión, etc.- deja de llamarnos la atención. Entonces, siguiendo el símil, lo que la razón hacía era contar los borreguitos que la tradición le proporcionaba. 3o) Memoria y tautologías: Un ejemplo. Cuentan que Schliemann, ya anciano, viviendo en una Viena en la que de vez en cuando daba conferencias aquí y allá, debía ser acompañado a casa porque, literalmente, no sabía donde vivía (los años hacían que la cabeza se le fuera)... sin embargo, ¡en esas mismas conferencias era capaz de trazar sobre la pizarra, de memoria, el plano de la Troya que había excavado y que tanto amaba! Es claro que la cosa carece de misterio: en aquella ciudad estaba su vida y su alma mientras que, en Viena, se limitaba a sobrevivirse a sí mismo. Entonces, "racionalismo abierto" se nos queda corto porque lo que pretendemos que se produzca con la tarea propuesta es una integración racional: la razón así adjetivada, referencia al individuo inmerso en la dinámica, convertido de este modo en un yo adjetivo. Las dos frases siguientes son la conclusión pragmática: Necesita probar y probarse sin cesar. Está en lucha con los otros, pero en primer lugar consigo misma7. Como los buenos toreros, vayamos a rematar la faena, con todos los sentidos atentos para no fallar a la hora de la espada. 1) Necesidad.- La necesidad proviene de ese yo adjetivo que hemos visto que es, de facto, la "razón abierta"8 de la que nos habla el texto. Bien; ese yo adjetivo NECESITA... ¿qué? La necesidad primordial de todos los yoes que en el mundo han sido, son y serán, se resumen en un punto: instinto de supervivencia. La variación, dada por la complejidad orgánica, hace recaer el énfasis bien en el individuo, bien en la especie. En este caso, ¿tenemos algún dato que nos pueda hacer sospechar que nos hallamos ante la excepción de la regla? Si lo hay nosotros, desde luego, no lo vemos. 2) Poner a prueba.- Seguramente, la máxima expresión del racionalismo histórico haya sido el cartesiano "Cogito ergo sum"; y lo calificamos de máximo por la cantidad de cosas que se dicen, y lo bien dichas que están, con tres palabras sólo. Aquí, en concreto, nos interesa ese "ergo", ese seguirse lógico e inmediato, muestra, también él, de la máxima confianza en la fiabilidad de la conclusión: "Todo aquello que vea marcado con ergo ha pasado los máximos controles de calidad" podría explicarnos un publicista. Entonces, ¿la "razón abierta" comprueba así? ¿A qué responde su "calidad"? La razón abierta no puede comprobar así porque sería razón cerrada: la razón abierta no puede comprobar así porque la prueba surgida de estos planteamientos toma como estatus ontológico de referencia la razón, y volveríamos a las ya andadas posturas tradicionales... la razón abierta necesita comprobar pero, por paradójico que pueda resultar, es un comprobar sin prueba (no hay prueba que tengamos al alcance de la mano y que seamos capaces de aguantar las ganas de echarla al morral de la razón, que es como el de Juan sin Miedo pero mucho mayor); hay que comprobar, sí, pero dejando correr la prueba, usándola, estrujándola todo lo que seamos capaces para conseguir una prueba de mayor potencia, y luego echarla al cubo de la basura y repetir el proceso con la valiosa prueba conseguida, sacarle todo el jugo que tenga como si de una naranja se tratara... y así sucesivamente. Eso, entendemos, no es comprobación sino, hacer camino al andar, como dijo nuestro poeta. Así que, la calidad de la prueba por la que preguntábamos antes, es ninguna... y vuelta a los problemas de vocabulario: hablamos con perífrasis móviles, metáforas inconcretas... el vocabulario que necesitamos, en definitiva, está sin hacer... ¿Prueba? ¿Hasta qué punto es tal algo que se garantiza a sí mismo? ¿Es que tiene un status ontológico divino? ¿Entonces? Sólo el aceptar una opción muy determinada y concreta nos brinda la posibilidad de seguir adelante: la razón que así pone a prueba la irracional realidad es que es a sí misma a quien, verdaderamente, pone a prueba. 3) Ponerse a prueba.- "Necesidad" era una matización que ya existía en el punto anterior; la habíamos pasado por alto, esperando a éste, ya que es aquí donde alcanza su máximo interés. Es aquí porque, justo ahora, la referencia es a la acción de la razón en cuanto acción reflexiva. En sentido propio, "necesario" para el sujeto es lo que éste necesita para subsistir: el agua para los peces, el aire para las aves... Ahora bien, si la razón necesita "probarse", esa necesidad está incidiendo directamente en lo que la razón es. Además, el marco de referencia general en el que nos estamos moviendo es el de la acción; de esta forma, lo que la razón sea, será lo que permanece en la sucesión de estados que la propia acción supone: en definitiva, ser será la continuidad del estar. Más claro aún: la razón está en su sitio cuando se está probando a sí misma. Pero la continuidad en el estar... ¿es SER o es DEVENIR? Parece que, después de todo, tampoco iba tan descaminado lo de "Razón Abierta". 4) Sin cesar.- La irracional realidad es heteróclita, móvil, informe... la razón, que se había entendido a sí misma no con toda la profundidad debida, había pretendido hacer un dique, dique que se había visto en la necesidad de subir y reforzar cada vez más, hasta que ha llegado el momento en que ha sido incapaz de continuar y la presa ha empezado a rebosar por todos lados. O sea, que esto no es nuevo; el incesante movimiento es lo que permanece de la vieja razón cerrada9, incesante movimiento que debemos conocer a la perfección y del que debemos ser muy conscientes, porque en él están las dos caras de la moneda: el anclaje en el pasado y la proyección hacia el futuro. 5) Lucha con los otros.- Aquí no hay ningún misterio: poner a prueba algo significa luchar con ese algo, y significa luchar porque, a) uno no da opción al sí o al no del algo; le obliga a someterse a la prueba. b) la prueba es un marco experiencial artificial, intencionadamente preparado o escogido por nosotros; lo que quiere decir que el "Ser" al que sometemos a prueba, lo que sea o deje de ser, vendrá expresado en los términos ontológicos previamente elegidos por nosotros. Precisamente, si planteamos todo esto es para que, en la medida de lo posible, seamos capaces de quitarnos de encima esta limitación, y la manera posible no es sino una: ser consciente de ella. 6) Lucha consigo misma.- Si la razón se dedica a poner a prueba la irracional realidad, si su Ser -"devenir"- está ahí, hay algo que en modo alguno podrá eludir: ella misma; cualquiera que sea el proceso que camine al fin que fuere, inexcusablemente, siempre pasará por ella como primer contrincante en la lucha, como primer componente de la maquinaria que hay que comprobar. De ahí el salto originario en el que tanto insistimos con los textos de Cimadevilla, Zambrano y el mismo Bachelard, por eso la locura, que tiene aquí su referencia, y que resulta ser la autopuesta a prueba de una razón débil (débil en cuanto que carece de la energía suficiente como para integrarse en esa irracional realidad); por eso... por eso nuestra anterior afirmación de que no iba a ser necesario justificar los calificativos de "incisiva" y "joven" aplicados a la razón que opera en estas condiciones... que al operar en estas condiciones está al borde de la locura, porque juega a "cortarse los dedos", porque es curiosa e inquisitiva sin filtrar sus inquisiciones por la vulgar seriedad o la sesuda axiología, porque... ¿qué tal si dejamos ya los porques, por qués y demás? "Yo he sido niño y nunca he buscado un tesoro"; en estos o muy similares términos se expresaba Henry James frente a Robert Louis Stevenson. éste, al que en modo alguno el argumento le pareció de recibo, le dijo que, si nunca había buscado un tesoro, es porque, seguramente, "nunca había sido niño". No se trata ni más ni menos que de eso, de si nuestra opción es la de James o, por el contrario, la de Stevenson.
1 ¡Metafísica! Por si con tanto brinco de acá para allá hay quien a estas alturas anda mareadillo y no acierta a captar de qué va esto, la cosa va de metafísica; es una versión sui generis de aquello tan clásico de:
2 Hasta donde nuestro conocimiento llega, lo único que nos impide generalizar sin rubor estas afirmaciones son ciertos aspectos óntico-religiosos del hinduismo, el taoísmo primitivo y el budismo zen. Volver al texto 3 En cuanto al aspecto "ingenieril" de la ciencia al que anteriormente hacíamos referencia, es obvio que nunca se puede pensar en semejante historia como fracaso. Volver al texto 4 Les structures anthropologiques de l'imaginaire, p. 33. París, 1984 (10a ed.) Volver al texto
5 En alguna de sus brillantes páginas Russell hacía notar que si la física es matemática, no es porque sepamos mucho del mundo exterior, sino porque lo que sabemos es demasiado poco. En la misma línea incide von Foerster con sus observaciones sobre el cambio y las paradojas en que podemos incurrir a nada que nos descuidemos (Cf. "Notes pour une épistémologie des objets vivants", en L'unité de l'homme, vol. II, Paris 1974; pp. 142 y 146. 6 No es preciso que los dos polos estén cargados de idéntica manera; de hecho, hay ideales que ponen toda su carga en uno de ellos mientras que el otro carece de valor. Volver al texto 7 Entendida desde aquí, la afirmación que cierra el discurso no necesita comentario alguno, pues se trata del fruto maduro que cae de su propio peso. Volver al texto
8 Por enésima vez, insistimos que la importancia de las palabras es similar a la de la ropa, nada más y nada menos. 9 Si permanece es porque se trata de la manifestación genuina de la esencia de la razón, más allá de cerrazones o aberturas concretas que actúen sobre unas posibilidades de nexo con la realidad. Volver al texto |
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