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los ojos de Minerva

Racional / irracional: una frontera en constante movimiento


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BACHELARDIANA

Una Glosa (XI)

Que faut-il sacrifier? Nos grossières sécurités pragmatiques ou bien les nouvelles connaissances aléatoires et inutiles? Pas d'hésitation: il faut aller du c⊚té où l'on pense le plus, où l'on expérimente le plus artifiellement, où les idées sont les moins visqueuses, où la raison aime à être en danger. Si, dans une expérience, on ne joue pas sa raison, cette expérience ne vaut pas la peine d'être tentée. ¿Qué hay que sacrificar? ¿Nuestras groseras seguridades pragmáticas o bien los nuevos conocimientos, aleatorios e inútiles? Sin dudar, hay que ponerse del lado en el que se piense el máximo, en el que se experimente más artificialmente, en el que las ideas sean menos viscosas y donde la razón guste de arriesgarse. Si en una experiencia no se juega uno su razón, es una experiencia que no vale la pena intentarse.

11.- ¿Qué hay que sacrificar?

No sólo ¿qué hay que sacrificar? Además, ¿qué estamos dispuestos a sacrificar? Pragmatismo, conocimiento aleatorio, conocimiento inútil... aquí es inevitable que venga a la memoria los hechos más graves que han pasado desde aquel año 36 en el que el texto vió la luz: en cuanto españoles, una cruenta guerra civil; en cuanto europeos, una no menos cruenta guerra; en cuanto occidentales, la independencia de Israel y el problema palestino; la invasión de Irak; la desmembración de los estados del Este europeo; Bosnia...

¿Qué es lo que esto tiene que ver con lo que aquí se trata? Lo que hizo Alexander Fleming al poco de terminar la Segunda Guerra Mundial, publicando la fórmula de la penicilina para que todo el mundo pudiera usarla libremente, ya le costó entonces serios disgustos. Hoy, directamente, sería imposible sin que al autor de semejante audacia lo metieran en la cárcel con todos los pronunciamientos legales en su contra; y la posibilidad está a la vuelta de la esquina, en el momento que alguien consiguiese algo eficaz contra el sida.

Así, en el muy improbable caso de que semejante teórico audaz existiese, la ley se le echaría encima violentamente porque sus patronos no podrían dejar de ganar un buen montón de miles de millones. El asunto no tiene ni más misterio ni más sutileza1.

En resumen, que todo esto es añadir un argumento pragmático a lo que defiende el texto de ponerse del lado de los nuevos conocimientos aleatorios e inútiles; es la postura que ofrece menos posibilidad de asidero -que, sea cual sea, inevitablemente termina convirtiéndose en "fomento del apoltronamiento"- ofreciendo así mayor posibilidad de apertura mental.

Y, claro, en lo concerniente al experimento, no nos puede dar miedo que sea rebuscado, artificial... por las mismas razones: porque descubriremos campos a explorar que de otra manera no habríamos tenido ocasión, ni por lo más remoto, de sospechar su existencia.

Ideas, cuanto menos viscosas, mejor: aquí nos hemos permitido esta libérrima traducción cara a explicitar lo más cómodamente posible qué se encierra en semejante expresión. De este modo, tenemos que reparar en:

1) Viscosidad.- Como es sabido, se trata de una cualidad de ciertas materias que consiste en que las moléculas se adhieren unas a otras, frenando el movimiento de la materia de que se trate.

2) Materia.- Si se trata de una cualidad material, eso nos remite, en primera instancia, a las materias que nos encontramos en los procesos de conocimiento, materias que son de dos clases: a) El propio cuerpo, que actúa como referente, y b) Una multiforme posibilidad de referencias que en el lenguaje cotidiano se conoce como "realidad".

3) Ideas.- Pero, resulta que lo que nos ocupa no tiene caracter material sino, muy al contrario, "ideal". ¿Qué es "viscosidad" cuando estamos hablando de "ideas"?

Estamos embarcados en observaciones dialécticas, y la dialéctica aquí se produce, precisamente, entre "materia" e "idea". Entonces, una idea poco viscosa estará en mejores condiciones de hacer frente a la materia que otra que lo sea más.

La cosa no termina ahí: la viscosidad de la idea no puede provenir sino de su cercanía a la materia, mucho más si en vez de la "realidad", se trata del cuerpo propio (la gran cantidad de documentación existente sobre patologías psíquicas -en lo concerniente a las ideas básicas del espacio y del tiempo- nos brinda referencias inequívocas, incluso excesivamente dramáticas, respecto a lo que decimos)

En resumen, cuanto más violentamente se enfrenten "materia" e "idea", más sugestivo y excelente resultará el choque dialéctico, choque que, no está por demás decir, hay que estar en condiciones2 de aguantar.

Y llegamos al texto subrayado: Si en una experiencia no se juega uno su razón, es una experiencia que no vale la pena intentarse.

Aquí hay que desglosar dos puntos: el juego por un lado; el valor de la experiencia por otro.

El juego.- ¿Qué es el juego? ¿Qué hacemos cuando jugamos?

El juego es siempre una actividad concreta, aparte de todas las otras actividades, que tiene sus propias reglas de conducta y un espacio-tiempo característico. En sentido laxo se entiende que tiene que divertir. Además, es una actividad en la que la persona se encuentra inmersa en su totalidad e integridad: una secretaria, por ejemplo, se encuentra montones de veces en situaciones del tipo de que, mientras está escribiendo una carta, el jefe le pregunta algo que no tiene nada que ver y suena la puerta o el teléfono y alguien se interesa por un tercer asunto distinto, etc. Experiencias de ese tipo son, precisamente, lo opuesto a la experiencia lúdica.

En el caso que nos ocupa, el campo de la acción lúdica es el experimento, la prueba a la que se somete un "X" del tipo que sea.

La complejidad de semejante juego, por tanto, no está sólo en las reglas de acción, sino también en que esas reglas admiten a todo tipo de elementos en el juego.

Ahora bien, ¿qué debemos entender por "jugarnos la razón"? y, sobre todo, ¿por qué jugárnosla? (¡lo mismo nos hemos metido en un casino en el que no hay posibilidad de ganar!)

El valor de la experiencia.- No hay otro premio que el valor que tenga la experiencia que intentamos. Entonces, la cuestión a dilucidar es cómo distinguir una experiencia que sea valiosa de otra que no lo sea.

Bachelard nos dará la respuesta en el párrafo siguiente: el experimento valioso es el que no nos confirma lo que sabemos y, por tanto, no nos confirma en lo que somos. Esto es: es un juego que la única ganancia que nos promete es la posibilidad de seguir jugando; por tanto, está mucho más cerca de aquellas viejas concepciones míticas del "eterno retorno" que a la ludopatía o la adicción a los videojuegos... ¿dónde hay aquí rastro de pérdida de conciencia? ¿dónde el menor tufo a borrachera mental. Sola y exclusivamente, Ambición Metafísica, así, con mayúscula.

¿Qué tiene eso de valioso? Es la postura en la que la "entropía" vital del experimentador alcanza su máximo valor, la postura en la que se manifiesta con toda su fuerza el desorden anímico que con tanta precisión ponían de manifiesto Cándido Cimadevilla y María Zambrano. Conservar la razón... es perderla, es convertirse en desafortunado protagonista de la parábola de los talentos.

En otras palabras, la tarea de ser persona es un compromiso radical en el que la apuesta somos nosotros mismos. Radicales son, por ejemplo, las palabras con las que Jung se refiere a esta cuestión:

Si la ciencia es un fin en sí mismo, el hombre tiene únicamente su "raison d'être" como intelecto. Si el arte es un fin en sí mismo, la capacidad representadora del hombre se convierte en su único valor y el intelecto queda relegado al cuarto trastero. Si la adquisición de fortuna es un fin en sí mismo, la ciencia y el arte pueden ir ya recogiendo sus trastos y marcharse. Nadie puede negar que la conciencia moderna se halla dispersada, sin esperanza, en estos fines en sí mismos. De este modo, los hombres se crían simplemente como cualidades aisladas y se convierten ellos mismos en instrumentos3.

notas

1 Con relación a este asunto, hemos incluido un texto de María Zambrano en los "Materiales de Construcción". Volver al texto

2 En buena matemática, las condiciones son UNA: Consciencia "a pleno rendimiento". Volver al texto

3 El contexto de esta cita tiene enjundia más que suficiente para que algún colega "glosador" se anime a trabajarlo. Lo damos completo en los "Materiales de Construcción". Volver al texto


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Autor: Julio Sánchez Trabalón
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