los ojos de Minerva |
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BACHELARDIANA
10.- La época de ese enriquecimiento monótono ... Hoy no es el colmo de la audacia tachar ese parece del texto. No obstante, no olvidemos que Bachelard escribía este artículo en 1936. En cuanto a las ideas de la frase siguiente, acabamos de ver el por qué al final del apartado anterior. La experiencia se divide.- ¿Por qué? Si Galileo hubiese querido dividir la experiencia en su legendario experimento de los discos en la torre inclinada de Pisa se habría vuelto loco: la medición es ésta entre el piso 7 y 8; esta otra distinta entre el 4 y el 3. Y lo que la afirmación del encabezamiento nos anuncia no es sólo que ahora se haga eso, sino que se considera capital. ¿Qué ha pasado? Dos cosas: 1) Que la tradición "metrica" sigue estando ahí, en unos aparatos de medida cada vez más complejos y sofisticados y que permiten el desarrollo de una ingeniería más y más rica y compleja. Lo más grave es que... 2) La caída generalizada de la valoración del nivel ontológico lo ha dejado vacío... casi: ha aguantado allí la medida. Así, por poner un ejemplo concreto, los psicólogos, cuando se han visto contra las cuerdas, no han tenido más remedio que confesar que la inteligencia es lo que miden sus tests. De recibo, vaya... En otras palabras: se sigue intentando mantener las actitudes tradicionales contra viento y marea, haciéndolas dar todas las revueltas posibles para que se adapten a los hábitos de la mente, cuando la cosa es tan nítida, tan radical, como decía Cimadevilla: "Todo acto vital tiene siempre algo de originario y, por tanto, de discontinuo"... ¿y qué no es vital de lo que hace un ser vivo? Así de tonto; así de claro.1 El resto cae por su propio peso: la sencillez2cambia de campo -según la tradición-: lo informe y amorfo es sencillo porque no se deja descomponer; no hay modo de hablar de ello, de conocerlo, a no ser como totalidad... pero es que como totalidad cerrada en sí misma, carece de referencias proyectivas que podamos asir. Por contra, el elemento que se ha dejado atrapar por la regla, no podrá librarse de ella jamás: la regla se irá haciendo más y más grande; él más y más pequeño en un proceso dinámico infinito... Esto con respecto a la materia... y lo mismo con relación a la forma... hasta que la unidad ¡centellea!... o, si las "pilas" están en condiciones, debería centellear, nos atrevemos a añadir nosotros, ya que, tal como venimos insistiendo, cuando alguien hace centellear alguna de las múltiples facetas de esa unidad... siempre hay cien dispuestos a acudir y hacer pantalla para dejar aquello en plácida y fresca sombra. Y pensamos concretamente en vivencias del ser humano que conscienemente se dejan en un segundo plano como de menor importancia: en las facultades de filosofía se ignora consciente y sistemáticamente la dimensión matemática de Descartes. En las físico-matemáticas, se ignora con no menor alevosía los intereses místico-esotéricos de Isaac Newton. ¿Qué algún físico, importante premio Nóbel, relata una experiencia propia que encaja en la denominación clásica de "experiencia mística del Uno?3 ¡Chascarrillos sin el menor interés para el avance de la ciencia! Evidentemente, así es si la ciencia la entendemos como ingeniería. Lo malo es que predicamos ciencia como senda por la que el ser humano avanza espiritualmente, y entonces, todas esas cosas, y las tantísimas que hay como ellas, tienen una importancia capital. Puede, incluso, que mucho más significativo que la literalidad del hecho sea su revés, el negativo: cuando nos encontramos con personas de la talla de Johan Sebastian Bach o Diego de Silva y Velázquez, que se las apañan para quitarse de en medio y dejarnos obras unitarias, perfectas, sencillas y centelleantes, ¡entonces convertimos en cuestión capital saber quiénes eran esos señores, si eran altos o bajitos, rubios o morenos, cómo se llamaban sus padres y todo ese tipo de cosas. ¿Tenemos remedio? Insistimos: el problema práctico a resolver es ser capaz de ver la Unidad Trascendental que existe tras los ilógicos, discontinuos y nímios hechos cotidianos que vivenciamos... todos y cada uno de nosotros. 1 Ibidem. No obstante, todavía hay quien se las apaña para decirlo incluso más tonto, incluso más claro: "Mientras hay vida hay dispersión, contradicción. Nada vivo alcanza la unidad sino en la muerte". Es María Zambrano en "La agonía de Europa", p. 19. Ed. Mondadori, Madrid, 1988. Volver al texto 2 ¡Qué bonita palabra y de qué poco aprecio goza!, ¡con qué falta de cuidado la usamos!; aquí, claro, es el carácter de lo que no está compuesto o es imposible descomponer. Así, su comprensión es inmediata. Volver al texto 3 Damos el texto en los "Materiales de Construcción". Volver al texto |
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