los ojos de Minerva |
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BACHELARDIANA
1.- Una serie de casualidades (encuadramiento subjetivo) Una de las preguntas menos originales que nos hemos hecho todos los que ocasional o habitualmente empuñamos la pluma es "¿Por qué escribo yo?". Lo curioso de tan pertinaz interrogante es que unos y otros nos empeñamos en que sea el yo el que cargue con el protagonismo de la pregunta cuando, a fin de cuentas y tras dar muchas vueltas tan tontas como bien intencionadas, llegamos a la misma conclusión que han llegado tanto mucho antes que nosotros -¡movimientos que además conocíamos de antemano!-: que la respuesta no pasa por ahí, sino por la acción, por escribir. ¿Qué nos impulsa para que un papel en blanco -o una pantalla de ordenador limpia, tanto da- quede cubierto de trazos, más o menos bien ordenados, formando una serie de signos convencionales que con mayor o menor gracia se esfuerzan en figurar la imagen de una vivencia, una creencia, un concepto, un chiste, una ocurrencia, una impresión, un... lo que sea? Una vez, hace ya años, encontré unas líneas que se ocupaban de eso y que me causaron una fuerte impresión. En traducción castellana mía, dicen así:
La soledad se acrecienta si, sobre la mesa iluminada por la lámpara, se extiende la soledad de la página en blanco. ¡La página en blanco! Enorme desierto por atravesar jamás atravesado. ¿Esa página en blanco que se queda en blanco al finalizar la jornada no es el gran signo de una soledad eternamente recomenzada?. Y qué soledad se encarniza contra el solitario cuando se trata de un trabajador que no quiere meramente instruirse, sino que quiere escribir. La página en blanco es entonces una nada, una nada dolorosa, la nada de la escritura. Cuando lo leí conocía a grandes rasgos la trayectoria espiritual2 del autor: persona de formación científica que ejerció su labor docente como catedrático de filosofía de la ciencia en La Sorbona; sembrador fecundo... pues bien, estas líneas son, como aquel que dice, su última página oficial (La llama de una vela, obra a la que pertenece la cita y que termina tres páginas después de ella, fue el último libro que publicó antes de morir). Yo estaba perplejo. No conseguía entender nada. ¿Cómo era posible que alguien de una trayectoria como la suya escribiese aquello? Han pasado los años y no ha mejorado mi comprensión de esa sensación de desconcierto ante la hoja en blanco. He ido conociendo más la obra de aquel hombre -Gaston Bachelard- ...¡y acabo de encontrar otro texto suyo que me vuelve a golpear el alma! Y digo bien porque, la sensación, menos colorista y espectacular que entonces, tiene mucha más sutileza y profundidad. Me explicaré con cierto detalle "autobiográfico". Trataba ganarme la vida como guionista de cine y, tras mucho intentar ser el "héroe" con resultados cercanos a lo grotesco, me encargaron una película de dos horas y media; era una oportunidad -parecía- con todas las de la ley. El encargo supuso un año de trabajo... infructuoso, y no porque no fuera cumplido sino porque, con la película anterior, con la que el productor pensaba obtener sustanciosos dividendos que invertiría en ésta, supuso cuantiosas pérdidas. Con muchos millones en la recámara y fuera del cine, para él no era excesivamente complicado recuperarse de las pérdidas. Para mí, sin embargo, el desastre era absoluto. Mi compañera y yo, habíamos puesto de todo en el empeño y, de buenas a primeras, nos quedábamos con una mano delante y otra detrás. Fuí a ver un primo hermano que trabaja en el Ayuntamiento; me dijo que lo único que me podía proporcionar de hoy para mañana era ser barrendero. Cansado y desmoralizado, acepté. Tras año y medio trabajando con "carrillo" en el que hubo, lógicamente, ratos buenos y malos pero que, en esencia, sirvieron para hacerme más persona (siempre agradeceré el trato que tuvieron conmigo compañeros y jefes) la empresa dió orden de no renovar contratos a nadie y fui a la calle. Intenté volver a las andadas con el mundo de la imagen, pero estaba demasiado quemado con aquella gente que me producía una profunda desconfianza... llamémosla "gremial" y en seguida se me terminó la paciencia. Durante todo ese tiempo, había seguido leyendo, estudiando... y, en un momento concreto, había tenido el impacto al que anteriormente me referí; por aquellas casualidades de la vida, se trataba también de otro texto de Bachelard. Pertenecía a un libro que tenía hacía años y que siempre había ido relegando ante otros títulos suyos, tal vez porque el "racionalista" del título, El compromiso racionalista, me echaba para atrás. Fue una extraña sensación de canibalismo ya que, uno se decide a hincar el diente en el libro... y es el libro quien hinca el diente en uno. Era un canibalismo "gourmet", preciso, sin vacilaciones; quería el "alma"... Pero es que, además de caníbal y "gourmet", exhibía un gusto enorme por el humor y la paradoja: tenía como invitada de honor al alma, pero si esa misma alma era el plato principal de la merienda, ¿cómo podía ser?. Veamos; en principio, mis temores con el título eran completamente infundados: no se trataba de un libro de autor, sino de editor, que recogía una serie de artículos difícilmente accesibles, conferencias, etc. Entre esa colección de materiales, abriendo el volumen, aislado -el resto de los trabajos se agrupan en tres partes por similitudes temáticas- el titulado "El suprarracionalismo"3, fue el causante de la sensación a la que me refiero. ¿Qué tenía para mí ese trabajo? Algo muy tonto; en esas idas y venidas yo había aterrizado en los cuarenta años y, como cualquiera que sea respetuoso con los tópicos, tras las correspondientes crisis, dudas, titubeos, etc., había llegado a las brillantes conclusiones a las que se llega en estos lances (en mi caso, con la vocación -que decididamente no era por el cine, sino por el estudio- como eje de las desafortunadas vicisitudes laborales). Pues bien, en ese texto, que es un programa de trabajo/declaración de intenciones, se reflejan con total perfección y exactitud las "brillantes" conclusiones a las que yo había llegado. Es cierto que está redactado en una óptica que no es la mía, en una terminología en la que no me siento completamente cómodo -desde luego, no por inexacta o imprecisa, sino por mera sensibilidad-... pero del que podía ser autor (siempre sin perder de vista que está escrito dieciséis años antes de que yo naciera). Entonces -y retomo el hilo de la "crónica" externa- me acordé de él; la "crisis" económica empezaba a arreciar y era obvio que tenía que inventarme algo para no ponerme más nervioso de lo conveniente... ciertamente, el texto me había impactado mucho, pero si alguien me hubiese preguntado cual era el blanco concreto en que había impactado proyectil tan "sui generis" me habría puesto en un aprieto, porque en modo alguno habría sabido explicárselo. Así que -pensé- puede ser un buen ejercicio (algo así como el que va al psicoanalista, se tumba en el diván y empieza a hablar) coger pluma y papel y empezar a escribir "a pluma alta": partiendo del texto tal como hoy se puede conseguir en edición francesa, fragmentado en párrafos, las sugerencias, ideas, reflexiones... todo aquello que, de la manera que fuese, había contribuido a formar la turbadora sensación de la primera lectura, había que hacerlo desfilar por el diván del papel; ¿resultaría algo de interés? ¿Por qué obviar la edición en español? Vaya por delante que yo descubrí el texto en la edición de Siglo XXI. Confrontándola con el francés, hay una serie de cosas... discutibles. Pero lo que no es discutible es que el texto debe estar íntegro, y no lo está. Así que, he vuelto a traducirlo y por tanto, errores, omisiones, chapuzas, y todo tipo de etcéteras que en este sentido aparezcan en adelante, son responsabilidad única y exclusivamente mía. Lo que sigue es lo que resultó.
1 Gaston Bachelard, La flamme d'une chandelle, 7a ed. Paris, Quadrige, P.U.F, 1984. pp. 108-109. 2 No estoy muy seguro de que no fuese más correcto usar aquí el término intelectual, pero "intelecto" a estas alturas tiene unos lastres tan peyorativos... y no es que "espiritual" no tenga los suyos pero, puestos a elegir... Volver al texto 3 Gaston Bachelard, "Le Surrationalisme", en Inquisitions, no 1, Juin, 1936. Editions Sociales Internationales. Volver al texto |
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