los ojos de Minerva |
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(Leipzig 1813 - Venecia 1883)
Una de esas contadas ocasiones es Bayreuth, santuario -y nótese que "santuario" implica determinadas... llamémoslas creencias, principios ideológicos... la etiqueta es lo de menos- del mundo de creación de Richard Wagner. ¿Quién era Richard Wagner? ¿Cuáles eran sus principios ideológicos? Un hombre pluridimensional que, por encima de todas las cosas, creaba símbolos, creaba mitos que servían para poner en obra esos principios ideológicos ¿que consisten en? Recurramos a sus propias palabras. En una carta a Berlioz (que recoge Baudelaire en las páginas que dedica a Tannhauser) escribe:
Me preguntaba cuales deberían ser las condiciones del arte para que pudiese inspirar al público un respeto inviolable y, para no aventurarme demasiado en este examen, fui a buscar mi punto de arranque a la antigua Grecia. De inmediato encontré allí la obra artística por excelencia, el drama, en el que la idea, sin importar lo profunda que sea, puede manifestarse con claridad máxima y de la manera más universalmente inteligible. Hoy nos asombramos con motivo de que treinta mil griegos hayan podido seguir con sostenido interés la representación de las tragedias de Esquilo pero, si investigamos por qué medio se obtenían resultados semejantes, encontramos que era por la alianza de todas las artes coincidiendo hacia el mismo fin, es decir, la producción de la obra artística más perfecta, la única verdadera. Esto me condujo a estudiar que relaciones tenían entre ellas las diversas ramas del arte y, tras haber comprendido la relación que existe entre la plástica y la mímica, examiné la que hay entre música y poesía: de este examen brotaron claridades que disiparon completamente la oscuridad que me había inquietado hasta ese momento.Dada la importancia de lo aquí expuesto, Baudelaire nos hace notar que ni mucho menos es el único sitio en que se entretiene en explicitar estos principios; da un segundo texto que insiste en lo mismo:
He encontrado en algunas peculiares creaciones de artistas una base real donde asentar mi ideal dramático y musical; ahora la historia me ofrece el tipo y modelo de las relaciones ideales entre el teatro y la vida pública tal como yo las concebía. Encontré este modelo en el teatro de la antigua Atenas: allí, el teatro no abría su encintado sino en ciertas solemnidades en las que se celebraba una fiesta religiosa que acompañaba los gozos del arte. En estas solemnidades, los hombres más distinguidos del estado tomaban parte directa como poetas o directores; a los ojos del pueblo semejaban sacerdotes y las gentes, llenas de la alta espera de la sublimidad de las obras que iban a ser representadas ante ellos, de los poemas más profundos de un Esquilo o de un Sófocles, podían ser presentados al pueblo y estar seguros de que iban a ser perfectamente entendidos.Y esto, ¿cómo se llevaba a la práctica? Evidentemente, una pregunta como esta requiere una respuesta demasiado compleja para estas pocas líneas. Sin embargo, si se puede responder en síntesis, eso si, por boca ajena (para fortuna del lector, mucho más autorizada que la propia). Lévi-Strauss hace referencia a este pasaje del acto I de Parsifal:
Su comentario posterior es: Estas palabras de Gurnemanz al heroe en el primer acto de Parsifal, mientras la escena cambia ante los ojos de los espectadores, puede que sea la más profunda definición que se haya dado de mito.La ambición de totalidad exige tanto compromiso como responsabilidad como premisas incuestionables; uno y otro son compartidos -y aceptados- por una serie de personas que, ante lo radical de la actitud wagneriana, no pueden más que sentirse atraídas. Otro nuevo testimonio, en esta ocasión, de Amadeo Vives que, so pretexto de Los Maestros Cantores, escribe: El examen de las bellezas de las obras perfectas pertenece a la filosofía, si es que la filosofía puede llegar a explicar ciertas cosas. ¿Cómo explicar lo que es inexplicable para el mismo artista, cual es el fenómeno de la inspiración? Por ventura el primer sorprendido ante una idea genial, ¿no es el mismo que la encuentra? Yo creo que el artista, más que crear bellezas, las descubre, y que el genio consiste solamente en una mayor potencia de visión que la de los demás. Y eso es tan cierto que si todos los elementos de que se forma una idea nueva no estuvieran ya en nuestro espíritu, nosotros no la podríamos comprender. Y es claro que, si Wagner no nos había podido explicar cómo ni por qué se le ocurrieron Los Maestros Cantores, y por qué fueron de esta manera en vez de ser de otra, menos lo podremos explicar los demás.Lo que hay tras todo esto es, por supuesto, un sentimiento de fascinación que -quizá- nos expliquen de manera óptima las palabras del en otros tiempos fascinado Nietzsche tras su violento rompimiento con él. En una carta a Peter Gast de Enero de 1887 escribe lo siguiente respecto al preludio de Parsifal (el motivo de la ruptura): Cuando le vea, le contaré con exactitud lo que entendí. Dejando a un lado las cuestiones irrelevantes (¿a que fin la música puede o debería servir?), y hablando desde un punto de vista púramente estético. ¿ha escrito alguna vez Wagner algo mejor?Y sigue, con su característica fuerza, explicitando los motivos de la fascinación que le había provocado ¡que antes que él había sentido el propio Wagner! En una carta a Mathilde Wesendock fechada unos años antes, es el propio Wagner quien habla de lo mismo: En éxtasis ante el maravilloso cáliz que enrojece con sublime y dulce resplandor, Amfortas siente renovarse en él la vida y alejarse la muerte anhelada. Él vive y se reanima en su vitalidad, aunque la herida fatal le abrasa más que nunca. La adoración misma se ha convertido en dolor. ¿Cómo lograr el fin? ¿Cómo conseguir la liberación? En esta forma lleva sobre sí, como una carga, los sufrimientos de la humanidad entera por toda una eternidad. Es por esto que desea alejarse del Graal, desentenderse de él, en la locura de su desesperación. El lo desea para poder morir, mas ha sido elegido para guardar el Graal. Y esta elección no la ha realizado un poder ciego, sino que recayó en e porque era digno. Nadie como él, reconocía la fuerza milagrosa del cáliz y su alma anhelaba como la de ninguna, contemplar el Graal, que le sobrecogía de admiración, proporcionándole el poder de vivir, al mismo tiempo que el sufrimiento eterno.Vuelve sobre lo mismo al concluir El Graal no me hará emprender un camino tan intrincado.Habrá que aceptar que está fascinación, que esta fuerza del creador está haciendo que pasemos por alto los datos biográficos; no obstante, resistámonos y, al menos, señalemos un asunto, las mujeres, tan esenciales en su vida...sobre todo Cósima que, por los datos que nos han llegado, debió ser una de las mujeres más fascinantes de su tiempo, ¡pero es que por aquí entramos en el ilimitado campo de los tópicos wagnerianos!: en Lohengrin o El buque fantasma nos topamos con sus personales elaboraciones de leyendas, y algo parecido nos pasa si nos deslizamos hasta los personajes: Isolda, el ya mentado Amfortas, Hans Sachs... y es que su profundidad da para mitología clásica y, claro, psicoanálisis. En estos últimos aspectos en el "anillo" tenemos un verdadero filón: creación de mundos, atentado original, conflictos poder/amor, padre/hijo, amor incestuoso1. Los temas no acaban aquí: hay cuestiones técnicas (como la eterna polémica sobre las texturas de las voces); humanas, como los inacabables testimonios sobre el personaje y de los que estos párrafos son una mínima muestra; comparar concepciones de arte total (Scriabin, para no salir de la música) si preferimos los asuntos teóricos pero, ¿para qué? Está claro que nos ocupa un personaje que, enfrentado a una nota de este tipo, no tiene punto final.
1Para constatar la eternidad de estos temas no es obligado echar la vista atrás. En un sugerente artículo Kristian Evensen habla de todas estas cosas en paralelo con la saga de La Guerra de las Galaxias de George Lucas. Volver al texto
No son los únicos, pero sí esenciales para la redacción de esta nota. Gracias a sus autores
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