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Itinerario VI

 

  El recorrido que vamos a iniciar tiene comienzo y final en el mismo sitio y es bastante intrincado. No encontraremos grandes obras maestras, sino pequeños detalles y, sobre todo, nos va a permitir conocer unos barrios que el turismo convencional apenas toca a pesar de su cercanía a las rutas más habituales.

 


Empezamos el recorrido en la plaza del Ayuntamiento y subimos por el callejón que separa el Ayuntamiento del Palacio Arzobispal.

  En esta placita del Consistorio se encuentra la entrada principal del Ayuntamiento.

  En la casa no 3 se conserva una viga musulmana en el patio. Como es propiedad particular está cerrada a cal y canto, hartos los vecinos del trasiego de los turistas.

  Seguimos por el callejón de la Ciudad, propiedad del ayuntamiento, que queda frente a la cuesta que acabamos de subir. Tiene dos puertas que se cierran por la noche, la que es para nosotros de salida tenía unos magníficos herrajes que han desaparecido en los últimos años debido al comercio fraudulento de antigüedades, todavía se pueden ver las huellas que han dejado.

  Estamos ahora en un ensanche de la calle de la Ciudad, donde hay una espléndida portada gótica, restos nuevamente de un palacio que perteneció a la familia Castilla ahora dividido y fragmentado en varias casas. Cabeza gótica

  A la derecha vemos el ábside redondo y de mampostería del convento de Santa Ursula, al cual se entra por el callejón del mismo nombre. El retablo es obra de Alonso de Berruguete.

  Después de recorrer el callejón de Santa Ursula y de habernos vuelto para ver la aguja de la torre de la catedral, que es una de las fotos más tópicas, seguimos a la izquierda por la calle de Santa Ursula. En el garaje de la acera de la derecha hay restos de baños judíos o árabes que no se destruyeron y creo que pueden visitarse. En cualquier caso se podrá preguntar al guarda del garaje.

  Continuamos por la calle hasta llegar a la Plaza del Juego de Pelota que se abre a la derecha, la atravesamos y giramos a la izquierda por la calle de San Bartolomé y otra vez a la derecha por la Cuesta de la Reina y nuevamente a la izquierda por la calle de San Torcuato.

  Recorrido tan tortuoso nos deja frente a una portada renacentista donde se abre una puerta de tamaño normal que da acceso a la casa. Esta portada es el único resto que queda del convento de San Torcuato. Parece ser que aquí fue enterrado El Greco.

  Subimos por la travesía de San Torcuato, a mano derecha. No hay nada que ver de artístico, pero el no 2 tiene un delicioso jardín mantenido por la dueña de la casa que es un descanso para la vista.

  JardínHemos llegado al Paseo de San Cristóbal sobre el cerro de Montichel. Dice la tradición que aquí estuvo el palacio donde que ocurrió la famosa Noche Toledana o jornada del Foso, en la que Amrus mandó matar a los rebeldes toledanos, en presencia del que sería años después Abderramán II y por ello estos lugares tuvieron siempre mala fama.

  Este es un lugar abierto que se alza sobre los jardines del Tránsito y después de la caminata trepando por la ciudad se agradece la existencia de un mínimo espacio llano para descansar.

  Hacia el final del paseo, a la derecha se conserva una torre mudéjar, único resto de la desaparecida parroquia de San Cristóbal.

  Torcemos ahora a la derecha por la calle del Taller del Moro donde está el museo del mismo nombre. Lo de Taller es porque durante muchos años fue almacén de materiales de la catedral.

  Es la sala de un palacio de origen musulmán. Las puertas son preciosas obras de arte de carpintería mudéjar, muy sencillas de diseño pero tremendamente refinadas.

  Seguimos por la calle y llegamos frente a la iglesia de San Salvador, que conserva en su interior una pilastra visigoda decorada con relieves. Allí está la capilla de Santa Catalina, de propiedad particular, con uno de los mejores retablos del siglo XV existentes en la ciudad.

  Vemos la torre de la iglesia que tiene abundantes relieves visigodos.

  El otro lateral de la iglesia del Salvador da a una plaza, convertida en aparcamiento. En lo alto del murallón que la delimita está la iglesia de San Marcos, del siglo XVII.

  Aquí podemos hacer un alto en el camino para acercarnos a comprar los mazapanes de Santo Tomé, que están al principio de la calle del mismo nombre que se abre a la izquierda, justo frente a una pequeña placita donde hay un busto de Gregorio Marañón, obra de Victorio Macho.

  Pero nuestro recorrido nos lleva por la calle de Rojas que se abre frente a la torre de la iglesia y allí una portada con un escudo desmesurado de la familia Rojas que da nombre a la calle. No sé si ese escudo es el más grande de la ciudad, pero lo parece.

  Torcemos a la derecha por la calle de Alfonso XII y la subimos entera hasta llegar casi al final, fijándonos en el camino en el callejón de San Pedro que se abre a mano izquierda, donde hay un pequeño cobertizo.

  Al llegar al final de la calle giramos a la derecha por el callejón de Jesús y María, un oscuro pasadizo entre los paredones de dos conventos, con lo cual en verano es uno de los sitios más frescos de Toledo.

  Ya no pasa la procesión del Corpus por aquí, pero cuando lo hacía era todo un ejercicio por parte de los costaleros que llevan la custodia el conseguir que no ocurriese alguna desgracia.

  Desembocamos en la calle de la Trinidad y, frente a nosotros aparece una portada que pertenece al Palacio Arzobispal.

  Si miramos a nuestra derecha podemos ver la entrada de la iglesia de San Marcos, pero nosotros vamos a acabar el itinerario donde lo empezamos.

  Torcemos a la izquierda y vemos, también a la izquierda, los muros que correspondían a un convento, ahora Archivo Regional y en el rincón del fondo una portada renacentista, este palacio fue sede del Frente de Juventudes, durante la época de Franco.

  Giramos a la derecha y bajamos por la calle del Arco de Palacio que ya conocemos y estamos donde hemos comenzado.

 

  Otra visita a la catedral para refrescarnos física y mentalmente no estaría mal.

 

Para cualquier sugerencia: @ toledo@viversan.com

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