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Itinerario IV

 

  En este itinerario vamos a recorrer unas calles muy transitadas por los toledanos, pero en las que los visitantes no suelen reparar.

  Es un itinerario de calles estrechas y casas altas, callejones sin salida, portadas, iglesias...

 

  Hemos llegado en el autobús de línea, que nos deja en la estación, al lado del río, casi debajo del puente de Alcántara.

  Estamos en el barrio de las Covachuelas, justo al lado de uno de los pocos lugares en que parece que existía un vado y donde tomaban agua los azacanes para venderla en la ciudad.

  Salimos de la estación y tomamos la calle que, desde la rotonda, sube a la derecha.

  Según subimos vemos un fuerte torreón y los paños de la muralla que protegen el barrio de la Antequeruela.

  Las murallas, con torres a distancias más o menos regulares, llegan hasta la puerta del Cambrón. Son las únicas murallas dignas de mención que tiene la ciudad pues este terreno no está protegido por el tajo del río.

  Patos en el ríoTomamos la calle de la izquierda y, a través de la Puerta Nueva, antiguamente llamada Puerta del Vado, entramos en el barrio de la Antequeruela.

  Subimos por la Bajada de la Antequeruela, larga y empinada, rodeada por casas de poca altura y tranquila de circulación. Es este un barrio de menestrales, como se decía antes, que se remonta por lo menos al siglo XII, cuando constituía los arrabales de la ciudad y la estructura urbana así lo delata.

  Podemos subir toda la calle, cruzar un pequeño túnel y saldríamos a la plaza de la Estrella, que hemos visto en el Itinerario I.

  Pero es preferible subir por la calle de la Zarzuela, que se abre a la izquierda en la plaza de la Antequeruela. Después de una cuesta bastante empinada nos encontramos frente a la Puerta del Sol y el murete que sostiene la cuesta del Cristo de la Luz. En ese muro, justo debajo del árbol, está la salida de una cloaca que se supone del tiempo de los romanos.

  La Puerta del Sol tiene sus propias leyendas, como la de la cabeza situada sobre la clave del arco, debajo de la ventana central, que dicen es la de un alcaide de la ciudad que intentó o consiguió forzar una doncella y al que el rey mandó ejecutar para hacer justicia.

  Atravesamos la puerta y continuamos por la calle de Carretas y pasamos igualmente bajo la puerta de los Alarcones.

  Mientras subimos podemos disfrutar de la vista de la Vega, los antiguos arrabales..., sin dejar de mirar las bóvedas de las puertas amuralladas que cruzamos.

  Al llegar al final giramos a la derecha tomando la calle Núñez de Arce, llamada antes de Torno de Carretas o Correos. Según subimos encontramos portadas, patios... de distintas épocas y gustos.

  Quizás podría llamarse a este recorrido el de los callejones y el primero el de San José que se abre a nuestra derecha y la callecita, también a la derecha, nos conduce hasta un espacio desde donde se divisa en primer plano las puertas del Cristo de la Luz, la del Sol, Bisagra... Un panorama parecido al que hemos visto desde la calle de las Armas, pero desde mayor altura y amplitud y con la puerta del Sol en primer término.

  A partir de este momento no volveremos a ver otro espacio abierto al horizonte.

  Volvemos sobre nuestros pasos para retomar la calle de Núñez de Arce.

 Los altos muros de la calle pertenecen al palacio de los condes del Vado y de Guendulain y la capilla de San José. En esas casas hizo su primera fundación en la ciudad Santa Teresa de Jesús. Después del abandono de estas casas por parte de las Carmelitas Descalzas, los dueños mandaron construir una capilla (1588-1596) a Nicolás de Vergara el Mozo y lo más interesante es que aún conserva el retablo originario, obra del Greco, que representa a San José con el Niño. El rinconcito que forman las portadas del palacio y de la capilla es muy gracioso, aunque está descuidado.

  En la acera de enfrente podemos ver una magnífica casa gótica. Si hay suerte se puede fisgar el patio con pilares poligonales. Este palacio, ahora dividido en pisos fue Casa de la Moneda y del Real Correo, por ello tiene el escudo de Carlos V en la portada.

  Esta calle, tan tortuosa e incómoda, nos lleva a la plaza de San Nicolás, más bien ensanche, donde vemos a la izquierda una típica portada con tímpano de vuelta redonda, que encontraremos a menudo en la ciudad. El palacio que había detrás desapareció hace años, como tantos otros, creo que ahora es un bar o un restaurante. Callejón de MoretoTorcemos hacia la derecha, dejando a un lado la iglesia de San Nicolás, y seguimos por la calle de Alfileritos.

  En el chaflán de la iglesia hay una hornacina un lienzo con la imagen de la Virgen dolorosa con los siete cuchillos en el corazón. Esta imagen ha cambiado de sitio, antes estaba en una ventana de la casa que hace esquina con el callejón de Agustín Moreto que se abre unos pasos más adelante, a la izquierda. No es valiosa, pero es la que da el nombre a la calle. Cuentan las tradiciones que quien echaba un alfiler a la Virgen y rezaba un Avemaría se casaba sin remedio.

  Echamos un vistazo al callejón de Gigantones, a la derecha.

  Seguimos por la calle mirando a izquierda y derecha, el callejón de Agustín Moreto, con la puerta del Hospital de la Misericordia. Parece medieval, y digo parece porque el aspecto que tiene en la actualidad se debe a una restauración realizada hace ya tiempo. Hacia la derecha la cuesta del Cristo de la Luz con una portada al fondo. El siguiente callejón, también a la derecha, es el de los Dos Codos, porque los tiene. Si bajamos por él llegaremos a la cuesta de los Carmelitas Descalzos, que ya subimos en el Itinerario I. Y a la izquierda, ya al final de la calle, el de Menores. El ábside con el escudo tallado en piedra pertenece a la iglesia de San Vicente.

  Tomamos la calle de Santa Clara a la derecha, mirando los callejones a derecha e izquierda. El de la izquierda corresponde al lateral de la iglesia, que está totalmente descuidado. Según subimos la calle vemos al fondo el cobertizo de Santa Clara, con un ventanal gótico flamígero pintado de añil. Convento de Santa ClaraPero giramos nuevamente a la izquierda y luego a la derecha hasta la plaza de Santa Clara que ocupa el lugar del picadero del palacio de los condes de Malpica.

  Es esta una plaza que se hizo hace unos 30 años, y aparentemente no tiene nada: un pequeño pórtico y casas sin interés. Pero el edificio que queda de frente es el antiguo palacio de Malpica, ahora Jefatura de Obras Públicas, con su torre mirador y sus muros de mampostería encintada de ladrillo. El interior es mucho menos sobrio que la fachada.

  El pórtico de la esquina, tan encantadoramente pueblerino, es la entrada al convento de Santa Clara, resultado de la unión de varios palacios e incluso con un callejón. La iglesia es muy rara con dos naves y tiene tal vez la mejor obra de Luis Tristán, discípulo del Greco y unos estupendos sepulcros góticos.

  Volvemos sobre nuestros pasos y seguimos hacia arriba por la calle del Instituto, que tampoco es recta, hasta llegar a otro rincón con un oscuro callejón al final y otras casas a descubrir. El número 25 es una casa de vecinos, pero conserva todavía a la vista unos pilares ochavados de ladrillo con capiteles de yesería que no son muy habituales en la ciudad, aunque algún otro encontraremos. Callejón del InstitutoEstamos rodeando el edificio de la Universidad fundada por el cardenal Lorenzana entre 1795 y 1799, obra de Ignacio Haam, el mismo que decoró la puerta Llana de la Catedral. Es un edificio que merece la pena visitar si se puede.

  Al final de la calle del Instituto torcemos a la izquierda y la calle del cardenal Lorenzana con la entrada principal de la Universidad. Como casi siempre en Toledo e incluso en España, un magnífico edificio que no tiene y nunca tuvo la perspectiva que merece.

  Ya en la plaza de San Vicente podemos tomarnos un descanso echando una mirada a nuestro alrededor: la iglesia de San Vicente, el convento de las Gaitanas enfrente con galería en el último piso, más portadas, el callejoncito con rejas que separa la iglesia de San Vicente y la Universidad... Estas rejas son los restos de unas que hizo Juan Francés para la catedral.

  Tomamos por la calle de la Plata y otra vez más callejones, más portadas, más patios... Giramos a la derecha por la calle de Santa Justa y Rufina. Allí la portada de la iglesia y al lado lo que queda de un arco musulmán sobre una pilastra visigoda. Santa JustaTorcemos a la derecha por la calle de Los Bécquer.

  Estamos en la Judería pequeña que desapareció en las revueltas de 1391 y vamos a recorrerla despacio, con tranquilidad, sin perder detalle y metiéndonos en todos los rincones.

  Al terminar la calle de Los Bécquer está, a la izquierda, el callejón de San Ginés, con relieves visigodos en el muro de una casa. Al final de este callejón sin salida estuvo la iglesia de San Ginés, uno de los lugares donde la leyenda sitúa las míticas cuevas de Hércules, donde el rey don Rodrigo vió las pinturas que relataban la invasión musulmana y la pérdida de España. Seguimos por la calle de San Ginés hasta la plaza de los Postes, bajamos ahora por la calle de Nuncio Viejo, a mano izquierda.

  El nombre de esta calle se debe a que en ella estuvo un hospital para locos fundado a finales del siglo XV por un canónigo de la catedral que era Nuncio del Papa. En Toledo se utiliza el término de Nuncio como equivalente del manicomio.

  Casi al final de la calle subimos por la calle de la Granada, a mano izquierda. En un rincón se ve la portada de una casa que tiene un magnífico patio, con pilares ochavados y capiteles de bolas de la época isabelina.

  Es una casa particular bien mantenida y con una preciosa fuente de azulejos de arista.

  Una vez subida la cuesta torcemos otra vez a la derecha y bajamos por la calle de la Sinagoga hasta la de Hombre de Palo.

  Cuenta la leyenda que Juanelo Turriano (el del Artificio) construyó un muñeco mecánico de madera que todos los días recorría esta calle para recoger los alimentos que la catedral daba a su autor, que murió en la miseria. La historia real nos dice que el muñeco era una escultura de un monaguillo con hucha para recibir donativos destinados a los enfermos del Nuncio.

  Los desnudos muros de granito de la catedral corresponden al cerramiento del claustro. En este lugar, hasta el siglo XIV estuvo la Alcaná, un lugar lleno de pequeñas tiendas de comerciantes judíos. Parece ser que el obispo don Pedro Tenorio, ni corto ni perezoso, provocó un incendio para desalojarlos de este lugar y conseguir así espacio para construir el claustro, donde edificó su capilla de enterramiento.

  Torcemos a la izquierda y bajamos por la calle del Arco de Palacio, hasta la plaza de la Catedral nuevamente.

  Y otro pretexto para volver a dar un paseíto por ella y disfrutarla.

 

Para cualquier sugerencia: @ toledo@viversan.com

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