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Itinerario II

En Toledo estaba Alfonso,
hijo del rey don Fernando:
huido estaba por miedo
del rey don Sancho su hermano:
acogiólo
Alimaimón,
que en Toledo es su reinado.
Mucho quiere a don Alfonso,
de moros es estimado;
durmiendo está en una huerta
a sombra que hacía un árbol.
Cerca dél está Alimaimón
con sus moros razonando,
dijo: -Fuerte es Toledo:
no puede ser conquistado
si no quitasen el pan
y las frutas siete años,
y teniendo siempre el cerco
sin que se hubiese quitado:
por la falta de viandas
tomarse ha el octavo-.
Don Alfonso que lo oyó,
finge que durmiendo ha estado
....

 Hemos llegado a Toledo por tren y al bajarnos, al otro lado de las vías se extiende la Huerta del Rey y, en medio, un caserón de paredes de mampostería. La leyenda dice que fue allí donde ocurrió lo relatado en el romance. Es el palacio de Galiana, único resto de lo que debió ser un recinto suntuoso. Guarda en su interior un delicioso jardín, pero... es propiedad privada.

 Pero, vamos a iniciar nuestro camino hacia la ciudad.

 Es este un recorrido que requiere buenas piernas, una señora caminata que nos va a permitir entrar a la ciudad por unos lugares que normalmente no suelen visitarse.

 De todas maneras siempre se puede optar por coger el autobús urbano que nos depositará en la plaza de Zocodover e iniciar el recorrido desde ese punto.

 Preparados pues.

 


 Atravesamos la estación, un espacio (obra de Narciso Clavería y Palacios, entre 1916-17) que sirve de pórtico e introducción a la tradición constructiva y artesanal de la ciudad. Merece la pena mirarla con cuidado. Todos los detalles constructivos y decorativos nos refieren a lo típico e incluso tópico, pero ¡qué bien hecho! Los herrajes y las rejas, obra de Julio Pascual, son primer aviso del rico patrimonio rejero que guarda la ciudad.

 Saliendo de la estación vemos el barrio de Santa Bárbara y la fuente de Cabrahigos, que servía de descanso y refresco a los viajeros que iban o venían al sitio de Aranjuez.

 Es aquí donde hay que tomar la decisión: subir en autobús o echarle valor o seguir caminando por el paseo de la Rosa, que no tiene mayor interés, pero se disfruta de una buena panorámica que nos hace ver la ciudad desde distintos puntos de vista hasta llegar al puente de Alcántara.

 Poco antes del puente podemos descansar en una fuente que mandó decorar el cardenal Lorenzana en el siglo XVIII, y servía de descanso a los caminantes y comerciantes que esperaban que se abriesen las puertas de la ciudad.

 El puente de Alcántara (en árabe significa "el puente") tuvo inscripciones en árabe que ordenó quitar el gobernador eclesiástico de la diócesis, don Sancho Busto de Villegas, durante la prisión del obispo Carranza, en tiempos de Felipe II. Puente de Alcántara

 Y entramos por el torreón que mandó reconstruir Felipe V, en 1721. Relieve gótico del puente de Alcántara

 Si nos paramos hacia la mitad del puente podemos ver, a la derecha, en lo alto los restos del acueducto romano y, abajo, los de los edificios que cobijaron la maquinaria del "Artificio de Juanelo", obra hidraúlica del siglo XVI de Juanelo Turriano sobre el que hay varias leyendas curiosas.

 A la derecha se ve la vega del río, con las nuevas edificaciones de los últimos años y los barrios de la Antequeruela (dentro de murallas) y de las Covachuelas.

 Por detrás queda, vigilante, el castillo de San Servando. Ha sufrido tantas reformas y ha tenido tantos destinos, que ya está irreconocible.

 Terminamos de atravesar el puente y frente a él se abre la puerta de Alcántara. El recinto fortificado nos acoge y nos conduce hacia la derecha. Es esta una típica entrada en codo muy característica de las construcciones defensivas musulmanas.

 Las escaleras de la derecha nos esperan y nos dejan, agotados, en el rellano del paseo del Carmen.

 Este paseo, por decir algo, ocupa el solar del convento del Carmen calzado, donde estuvo detenido San Juan de la Cruz y de donde proceden las sepulturas renacentistas que se encuentran actualmente en San Pedro Mártir (ver el Itinerario I).

 Los altos muros, con dos ábsides disimétricos de mampostería encintada de ladrillo, que acompañan nuestra subida pertenecen al convento de la Concepción Francisca. Detalle del convento Este convento ocupa parte del solar donde estuvieron los antiguos alcázares musulmanes.

 Seguimos el camino que nos marcan unas pinas escaleras que nos llevan a la calle y plaza de la Concepción.

 Según subimos vemos los elegantes arcos del hospital de Santa Cruz.

 Ya en terreno llano está la portería del convento, un patio con parra de los más provinciano, pedimos permiso para visitar la capilla de San Jerónimo. Sobre ella no diré nada, hay que verla, y espero que me cuenten sus sensaciones.

 Y otra vez a subir. Lo siento, esto es Toledo.

 Hasta el Hospital de Santa Cruz, de los Expósitos, de los niños de la Piedra y otros tantos nombres que ha tenido. Lo de Niños de la Piedra es porque se les abandonaba en la catedral sobre una piedra. Este hospital fundado por el cardenal Mendoza, se construyó en los primeros años del siglo XVI y alberga los fondos de una exposición sobre Carlos V y su tiempo y los del antiguo museo diocesano, con lo cual, quien quiera disfrutar de varios Grecos muy interesantes no debe dejar de visitarlo. Mi favorito es la Asunción de la Virgen. Hospital de Santa Cruz

 Un poco más arriba, a mano izquierda estuvo la posada de la Sangre, de la cual no queda nada, salvo la fama de su nombre pues en ella situó Cervantes la acción de La Ilustre Fregona.

 Y a subir una vez más. Esta vez por las escaleras del arco de la Sangre. Tan dramático nombre se debe al hecho de la capilla que había sobre él era sede de la cofradía de la Preciosa Sangre de Cristo que atendía a los que iban a ser ajusticiados (las ejecuciones se realizaban fuera de la ciudad, al lado de la puerta de Bisagra, en el lugar que se llamó el brasero de la Vega). En esta capilla se celebraba misa para que pudiesen oírla los que estaban en la plaza vendiendo sus productos en el Martes. Al siglo XV por lo menos se remonta la costumbre de hacer un mercado al aire libre los martes en la plaza de Zocodover.

 La plaza de Zocodover, es una tierra de nadie, bastante desangelada, que intentó reordenar con soportales Juan de Herrera en época de Felipe II. Parece ser que siempre estuvo ahí, como separación y tierra de nadie protectora, entre los alcázares donde vivían los gobernantes y la ciudad o más bien los ciudadanos, que en la Edad Media fueron bastante levantiscos e indisciplinados para con los poderes... o los poderosos. Casino

 Después de la subida que nos ha dejado para el arrastre nada mejor que descansar en esta plaza ¡oh maravilla! llana, donde hay cafés en abundancia para tomar eso, un café, una sangría, o una hamburguesa (hay un Macdonals).

 Después de reparar nuestras fuerzas, en vez de seguir por la calle Ancha o del Comercio, tomamos el callejón del Lucio, que está entre los soportales y llegamos a la plaza de la Magdalena, donde podemos ver el Casino, neomudéjar, con las huellas de las balas de la Guerra Civil.

 Parece ser que los sitiados del Alcázar salían para reponer provisiones en casas amigas y los sitiadores intentaban impedirlo, de ahí esas huellas que no tienen sentido si se piensa que el Alcázar ni se ve desde esta plaza.

 Callejón y plaza están llenos de bares donde se sirven tapas típicas de Toledo, al igual que en el callejón de la Sierpe que queda a mano derecha según se baja. Podemos tomar champiñones a la plancha, bacalao, bazo, sangre y un guiso de carne que se llama carcamusas, todo ello con vino de la tierra. El vino de la Mancha, es un poco fuerte, pero entra bien con las tapas.

 Un lugar curioso de la plaza es el Corral de Don Diego, un portalón con el dintel gótico, donde hay una especie de plazuela empedrada, también con bares en abundancia.

 Dice la leyenda que el nombre le viene de un conde griego, don Pedro Paleólogo, que estuvo con Alfonso VI en la conquista de la ciudad. También se cuenta que estos palacios fueron donados por Enrique de Trastámara a Bertrand Du Guesclin en agradecimiento a su ayuda en las luchas civiles con su hermanastro, Pedro el Cruel.

Detalle del dintel

 Pero seguimos por la calle de la Concepción. Si miramos a la izquierda vemos un callejoncito sin salida, muy gracioso. Al llegar a la encrucijada, girando a la izquierda entramos en la calle de las Tornerías.

 Allí, un poco después y a mano derecha, alzando la mirada podemos ver tres arcos que corresponden a la mezquita de las Tornerías o del Solarejo (ahora sala de exposiciones). Responde al tipo de la mezquita del Cristo de la Luz y se supone que es una construcción del siglo XII, aunque Toledo era cristiana por entonces.

 Seguimos calle abajo, hasta llegar al antiguo Mercado de Abastos en la plaza Mayor.

 A la izquierda está el Teatro Rojas, construcción del siglo XIX, que después fue cine y ahora ha vuelto a ser teatro tras su restauración.

 Esta plaza fue tradicionalmente la del Mercado y popularmente se la conoce por ese nombre. Aquí nos topamos con los grandes muros de la catedral, pero todavía no vamos a entrar en ella, la vamos a rodear.

 Seguimos hacia abajo ¡quien lo diría! por la calle de la Tripería y a mano izquierda la calle de la Santa Hermandad, en un rincón nos ofrece a la vista la portada del siglo XV de la Posada de la Santa Hermandad. Su nombre se debe a que fue sede y cárcel de esta Hermandad, ratificada por los Reyes Católicos y que tenía encomendada la persecución de los malhechores en los descampados.

 Continuamos y encontramos una pequeña puerta en los muros de la catedral, la calle que se abre frente a ella se llama del Locum, nombre culto donde los haya. Se debe a que esa puerta daba a los retretes de la catedral, que muy discretamente llamaban los más cultos Locum o lugar en latín, o necesarias o secretas. Siempre se han buscado eufemismos para nombrar los retretes.

 Rodeando los desnudos muros de la catedral, giramos a mano derecha y subimos, otra vez. Estamos en la calle del Deán, llamada así porque en ella, frente a la Puerta Llana, estaba la casa que habitaba este cargo de la catedral, el inmediatamente inferior al arzobispo en la jerarquía eclesiástica.

 Sin embargo el callejón de San Pedro, a mano izquierda nos permite un breve descanso. No tiene salida, pero si hay suerte y están abiertas las puertas se pueden ver algunos patios toledanos muy característicos. Aunque algunos tienen restos artísticos, encuentro que lo más hermoso de ellos es su disposición, la limpieza y mimo con que los dueños cuidan las plantas.

 Volvemos a salir y continuamos nuestro camino. Marca de cantero

 Nos detenemos un momento y volviéndonos miramos hacia lo alto de los muros de la catedral. Allí una especie de parrilla de hierro con ganchos nos sorprende. Es el lugar donde se colgaban las velas para secarlas, la antigua cerería de la catedral.

 Sigamos.

 A pocos paso nos encontramos ante la puerta de los Leones, de la Alegría o Nueva. Una joya del fines del siglo XV, con las hermosas puertas de bronce obra de Francisco de Villalpando, de mediados del XVI.

 A continuación se abre la portada neoclásica de la Puerta Llana. Es la única de la catedral que está a nivel del suelo. Por allí sale el carro de la Custodia para la procesión del Corpus Christi por esa razón. Actualmente es la entrada para los turistas.

 ¡Qué decir del interior de la catedral!

 Pues eso, verla.

 Yo aconsejaría a los visitantes que deseen disfrutar que la vean a cachitos, en sucesivas visitas y a distintas horas. Aunque no es famosa por sus vidrieras, las tiene buenas. Igual ocurre con las rejas que no son buenas, sino buenísimas.

 Personalmente recomiendo que se vean con detenimiento las capillas de la nave de la derecha. Son las más antiguas y contienen retablos y rejas estupendas, por no decir las sepulturas, entre ellas la de Fernando Gudiel, con un magnífico panel de yesería que tal vez les recuerde lo visto en la capilla de San Jerónimo.

 Y después de visitar la catedral, o siguiendo con el camino, llegamos a la plaza del Ayuntamiento. Y aquí detenemos nuestro paseo, que volveremos a retomar en otro momento, para disfrutar con detenimiento de este espacio tan singular.

 

Para cualquier sugerencia: @ toledo@viversan.com

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