que la tradición dice que perteneció a la familia de El Greco. Torcemos a la izquierda y nos hallamos en la plaza de Valdecaleros, ensanche más que otra cosa de la red viaria, pero que conserva bastante encanto a pesar de haberse convertido en aparcamiento de coches.
En esta plaza está la entrada a la Facultad de Derecho que ocupa los claustros del convento de San Pedro Mártir. Son tres claustros, obra de Alonso de Covarrubias, no cuento nada más, porque hay que verlos. Desde la mitad de la plaza se ve la torre mudéjar del convento que surge casi como un fantasma, sólo se puede ver desde este lugar.
La atravesamos y nos encaminamos por el callejón de enfrente, el de Bodegones, que nos lleva con sus recodos a la calle de Santo Tomé, frente a la parte trasera de la iglesia del mismo nombre donde se conserva el cuadro de El Greco, el Entierro del Conde de Orgaz.
La plaza del Conde conserva la columnata medieval de lo que fue casa parroquial de la iglesia de Santo Tomé y, sin solución de continuidad, el alto y seco muro del palacio de Fuensalida, que es el más fastuoso palacio mudéjar de Toledo, del siglo XV. Allí murió la emperatriz Isabel, esposa de Carlos V.
Esta plaza limita la Judería, barrio que habitaron los judíos hasta 1492, año en que fueron obligados a renunciar a sus creencias o exiliarse en dolorosas condiciones. Los judíos sefardíes son sus descendientes y han conservado a través de los siglos su lengua y sus tradiciones. La Judería era un barrio rodeado de empalizadas, que por la noche quedaba cerrado y aislado del resto de la ciudad. Comenzamos a recorrerla bajando por la calle de San Juan de Dios, típicamente turística, llena de tiendas, pero donde también hay algunos hermosos patios que con suerte podrán visitarse. Por esta calle, siguiendo los carteles indicadores llegaremos a la casa-museo de El Greco. Este palacio recrea las condiciones físicas en que probablemente vivió el pintor.
El solar de su casa lo ocupan ahora los jardines de El Tránsito que se abren al río y al Valle que enfrenta la ciudad.
Nos dirigimos después a la Sinagoga de El Tránsito, edificio del siglo XIV, obra de alarifes musulmanes o de tradición artesanal musulmana. Fue financiada por Samuel Ha Leví, tesorero de un rey de Castilla. Básicamente es un amplio salón de decoración fastuosa, como tapices en yeso.
Nos encontramos ahora ante una disyuntiva, o bien seguimos el recorrido por la calle de Reyes Católicos que enlaza con la sinagoga de Santa María la Blanca y acaba en el convento de San Juan de los Reyes, o bien recorremos el barrio que se encuentra encima de ella, para respirar el aire de las callejuelas estrechas y las pequeñas plazas que se crearon por el derribo de casas de judíos. Es una difícil elección teniendo en cuenta el camino ya recorrido y el cansancio acumulado.
En cualquier caso la visita a la Sinagoga de Santa María la Blanca ha de hacerse. Es más antigua que la del Tránsito. Se fecha en torno al siglo XIII. Es una planta clara donde la fastuosa decoración se concentra en los capiteles y en una faja de los muros. Sigue tradiciones musulmanas, así como las puertas, magnífica obra mudéjar de carpintería.
Antes de llegar al convento de San Juan de los Reyes, observamos a mano izquierda un conjunto de edificios que muestran el arte de trabajar el ladrillo, tradición toledana por excelencia.
Es la Escuela de Artes y Oficios, obra de Mélida, de principios de este siglo. Pocas obras historicistas nos hacen sentir que están vivas, ésta es una de ellas.
El convento de San Juan de los Reyes se construyó a finales del siglo XV. En él trabajaron los artistas más renombrados de su época. Sus artesonados, su escultura, su arquitectura, todo está al servicio de la unidad. Extremadamente delicada en los detalles, sin embargo el conjunto es robusto y potente, lleno de energía. Las cadenas que decoran sus muros son las de los cristianos liberados tras la conquista del reino de Granada, el último reino musulmán que quedaba en la Península.
Cansados, agotados y casi hastiados de tantas cosas vistas, dejamos este caminar. Para agobio de algunos y encanto de otros hemos de advertir que la mitad de la ciudad, con la catedral incluída, calles, plazas y multitud de recónditos rincones nos quedan por visitar. Aún más, en nuestro recorrido hemos dejado multitud de lugares hermosos por visitar.
Pero, la ciudad permanece, se puede volver, con más tiempo, para descubrirla poco a poco, paseando, leyendo en sus muros las enseñanzas que allí se plasman.
Para cualquier sugerencia: @ toledo@viversan.com